Migrantes

Amar de lejos

Briamel González Zambrano

Los migrantes aprendemos muchas habilidades en nuestra andadura en el nuevo país. Descubrimos herramientas en nuestro haber. Nos derrumbamos. Nos levantamos. Nos reinventamos. Hay un día en que despertamos por la mañana, vemos para atrás y decimos: “Fui capaz de hacer todo esto. Tener varios trabajos a la vez,  vivir con poquísimo dinero, aguantar a un jefe horrendo, soportar un frío o un calor extremo, salir con un tipo nefasto, conocer luego al amor de mi vida. Lo he conseguido, he podido y sigo en pie”. Entonces sientes que has corrido una maratón con la potencia de una keniata.

Una de esas herramientas que desarrollas durante este viaje es la de querer desde lejos. Porque claro, el amor no se esfuma cuando te vas de tu tierra. Ya lo dije en cinco cosas que aprendes al migrar. Los venezolanos tenemos a los afectos regados por todo el mundo. No exageramos cuando decimos “todo-el-mundo”. Tengo amigos o familiares en Nueva Zelanda, Japón, China, Sudáfrica, toda Europa y en todos los países del continente americano desde Canadá hasta Argentina. De manera que en los contactos de nuestros móviles puede haber más de treinta prefijos telefónicos distintos, empezando por nuestro querido 0058.

¿Y cómo cultivamos el amor desde lejos? Hay tecnología de sobra para hacerlo, pero hay que ponerle afecto. Las redes sociales nos permiten ver crecer a los hijos de los amigos, o notar cómo envejecen los padres o cómo crece la familia. Está claro que eso hace que sean pequeñitas las cordilleras, océanos, lagos, bosques y ríos que nos separan. Nos sentimos cerca.

Los migrantes ya sabíamos querer en la distancia antes de la pandemia. Llevábamos esta ventaja. Sabemos lo que significa pasar meses sin ver a los tuyos y mantenerlos igualmente informados de tu vida y de tus proyectos. Esto permite que el cariño siga intacto a pesar de la lejanía.

En este tiempo de Covid19  nos han faltado abrazos, los abrazos de verdad, que es mucho decir. Sin embargo, quien ha querido ha tenido risas compartidas en pantallas, serenatas, chistes, cumpleaños, brindis, cenas e incluso pudo ir a eventos y cursos. Yo, por ejemplo, aprendí a hacer pan de jamón en una videollamada.  Hace unos días asistí al cumpleaños número 50 de una gran amiga. Fue por Zoom. Con todas regadas por el mundo y bailando un feliz ritmo africano que nos mandó la cumpleañera. Nos reímos tanto, nos divertimos tanto recordando tiempos pasados y la fuerza de la amistad que fue una inyección de  alegría y energía para el resto de la semana.

El summum del amor de lejos es que estuve embarazada entre enero y octubre de 2020. De manera que mi estado de gravidez  lo anuncié por la cámara de mi móvil y casi nadie me vio la tripa.  Mi bebé nació durante la pandemia, así que la mayoría de la gente lo ha conocido por vídeo. Ha sido muy emocionante para nosotros presentarlo así a sus familiares, a nuestros amigos y ver cómo todos lo van queriendo también de lejos. El amor  y sus formas no paran de enseñarnos.

2 comentarios en “Amar de lejos”

  1. Bria,
    ¡Qué bonito! Que buen rato pasamos haciendo pan de jamón por videollamada. Qué alegría me sigue dando ver todos los panes que me mandan los alumnos por WhatsApp e Instagram. ¡Aún siguen enviando! También ha sido de lejos, pero me ha hecho sentir muy cerca.

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  2. Bria,
    ¡Qué bonito! Como disfrutamos de esa videollamada y del pan de jamón. Aún recibo fotos de los panes de los alumnos tanto por WhatsApp como por Instagram. Aunque también es de lejos, la tecnología nos ayuda a sentirlo cerca.

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