Entrevistas

Cuando entrevistan a la entrevistadora

Hace un par de semanas me escribió Alonzo Ianucci , creador de Diáspora Venezolana.

Él: «Te quiero hacer una entrevista para el canal Youtube».

Yo: «¿A mí? ¿Por?».

Él: «Te tengo en la lista desde hace años».

Yo: «¿En una lista? ¡Pero si yo no tengo ningún emprendimiento!»

Él: «Tienes una historia que contar como inmigrante y un blog donde lo cuentas».

Yo:» ¡Ah! Eso sí, y el blog, claro. Los periodistas es que solemos pensar que es mejor entrevistar que ser entrevistados. No sé. ¡Bueno, vamos a darle!».

Así que quedamos en el parque Madrid Río, muy cerca de mi casa. Llegó con su productora Andreína Monaterio. Él me saluda y lo primero que me dice es: «¿Te gusta arriba o abajo?»

Y yo: «Epa, pero ¿qué entrevista es esta? ¿Empieza fuerte, no?»

Él se sonrojó automáticamente. Me dijo: «Perdona. Si quieres hacer la entrevista en la parte de arriba o de abajo de Madrid Río»

Y yo: (risas) «¡Ah! Donde usted decida. Es su canal de youtube»

Bajamos hacia la zona del río. Allí le conté mi historia de diez años como inmigrante: por qué decidí irme de Venezuela, con qué documentación lo hice, en qué he trabajado, qué pienso de España, de los españoles y cómo ha sido mi proceso de vivir aquí.

Lo dejo por aquí a quien pueda interesar.

Cariños.

Briamel

 

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Mis primeros 10 años en España

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Briamel González Zambrano

Hoy es mi décimo Madriversario. Cumplo diez años viviendo en Madrid. Llegué a esta ciudad en un vuelo de Air Europa en diciembre de 2009. Traje mis dos maletas y mis diez kilogramos de equipaje de mano, además de mi viejo ordenador. Me dejó en  Maiquetía un gran amigo. Ya de mi familia me había despedido en el aeropuerto de Puerto Ordaz, aunque en Caracas estaba mi vida, mis amigos, mi hermana, mi trabajo y mis bártulos.

En Madrid me esperaba mi primer invierno, mis amigos de la universidad que ya vivían aquí y mi nueva vida de estudiante de máster de Periodismo. En Cádiz estaban mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos. Hubo tantas primeras veces durante aquellos meses que hoy me sacan una sonrisa. Primeras botas, primer abrigo, primeros días de clases en la universidad, primera nevada, primer contacto con la política española, primeros viajes a la sierra madrileña y tanta expectativa como cabía en mi imaginación.

Pasado este tiempo (que no sé si es mucho o muy poco, pero es el que llevo) lo que puedo decir es ha sido de aprendizaje y transformación. Personal, profesional, espiritual. Todos los aspectos de la vida se trastocan viviendo lejos de tu entorno. Eso no es una decisión. Es un hecho. Desde el principio, y pasada una década, lo que hago es agradecer por esta oportunidad, este viaje y la dicha de vivir en este país que tantas cosas me ha dado, incluso en estos años en los que ha pasado por crisis muy profundas.

Podría hablar con la Briamel de 2009 que estaba a punto de abordar aquel avión. Decirle que aprenderá mucho, que sus neuronas se moverán, que vivirá intensamente, que viajará, que adelgazará mucho y luego engordará, que se enamorará y que construirá una nueva historia. Podría decirlo todo eso, pero ella ya había decidido vivir todo lo que le tocara y lo haría, en efecto, con ilusión.

En un punto de este camino de diez años, por allá en 2013, decidí escribir este blog para contar mi experiencia migratoria, lo que pensaba de este país y del mío, el que dejé a 7 mil kilómetros con un mar de por medio. Justo este año es cuando menos he escrito en La Rorra en el teclado, aunque he publicado mucho en la cuenta de Instagram.

Aprovecho mi décimo Madriversario para presentaros en nuevo logo del blog (ver arriba) que me ha diseñado un profesional con mucho cariño, contaros que nos hemos mudado aquí a wordpress y que hay planes muy bonitos para 2020 que os iré contando. Son planes de esos que se escriben en la lista de deseos y que pienso cumplir.

GRACIAS enormes a quienes se han pasado por estas líneas y que han sido  más de 130 mil, según las estadísticas.

GRACIAS a todos los que me han apoyado en esta década. Han sido tantos, desde mis amados amigos (en Venezuela, en España y en el mundo) , mi familia, mi amor y los nuevos amigos hechos en este camino.

GRACIAS a España

GRACIAS a Venezuela.

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Aquí en una de mis primeras clases del máster en Madrid. Jugando a hacer un telediario. 

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Esta imagen me la tomó la fotógrafa Génesis Rojas en Madrid Río el verano pasado
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Los que más crecen, los que más piden

Briamel González Zambrano

El diario ABC publicó esta semana una nota según la cual la comunidad venezolana es la colonia extranjera que más crece en Madrid. Estamos en casi todos los barrios, en todas las escalas sociales y ocupamos cargos en diversas industrias. Casualmente, en estos días estuve con una persona de Cáritas, la rama de la iglesia católica que trabaja con los más excluidos y  me dijo: «Los venezolanos son los extranjeros que más acuden a nuestras sedes para pedir comida, ropa y trabajo en España». Yo me quedé pensativa. Estuve cavilando sobre el tema, sobre este desembarco que no cesa, imaginando las caras que hay detrás de todos esos números: Mis paisanos.

Retrocedí también a mi vida en mi natal Puerto Ordaz. Una ciudad planificada y repleta de inmigrantes. Allí crecí viendo cómo mis amigos, hijos de colombianos, se ayudaban con otros colombianos, lo mismo pasaba con españoles, portugueses, italianos, chilenos, peruanos, bolivianos, libaneses y griegos. La lista de las aulas de mi colegio era una retahíla de González, García y Pérez mezclados con apellidos venidos desde todas partes, a veces impronunciables . Los vi ayudarse, tener sus clubes, hermandades, celebrar las fiestas y hacer las recetas de los países de origen, mezclar su sangre y su vidas con venezolanos, crecer.

Ahora estamos nosotros los venezolanos en esta tesitura. Somos los que más crecemos en número y también los que más pedimos a la beneficencia. Es lógico. Se está huyendo. A la luz de lo acontecido esta semana, la violencia del gobierno aterroriza, espanta y hay quien sale corriendo con lo puesto. Tenemos un gobierno que asesina en directo, que involucra grupos paramilitares en operativos en los que trabajan los Cuerpos de Seguridad del Estado. Esto nadie lo explica. Una periodista pregunta qué ha pasado y llama a la reflexión en la tele y la echan de su trabajo, luego de 17 años de servicio. Aprovecho para presentar mis respetos para Alba Cecilia Mujica, una periodista que ha sido guía y formadora de varias generaciones.

Hay semanas así. En que Venezuela es un aliento contenido, una herida con la carne enrojecida y que no se cierra. Es una metralla de acontecimientos desafortunados que te golpean. Mientras tanto, las cifras nos hablan por sí solas. Un país con un goteo indetenible de personas que huyen y otra parte de su población que resiste, que lucha, que sobrevive allí. Ambos grupos con el corazón en un puño, soñando que todo cambie, que todo mejore, que termine la pesadilla.

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5 cosas que aprendes al migrar, según La Rorra

Briamel González Zambrano

1.- A vivir con poco y aún así ahorrar. Cuando estás recomenzando, cuando te vas con papeles de estudiante, cuando no llegas como inversionista y no puedes tener un contrato de jornada completa, lo que toca es echar números cada mes. Te conoces de arriba a abajo los planes gratuitos de la ciudad. Revisas detalladamente gastos de vivienda, transporte y servicios. Aprendes a apagar las luces si no es necesario que estén encendidas y estás atento a cuál supermercado tiene mejores precios y calidad. Te enteras además de cómo ser un consumidor responsable y de cómo hacer reclamaciones en caso de que consideres que te han estafado. También estás pendiente de Hacienda, porque el Tío Sam (en todas sus versiones) también quiere saberlo todo de ti.

 

2.- A reinventarte a partir de lo que eres y lo que sabes en contraposición de lo que te ofrece tu nuevo destino. He visto médicos haciendo de hosteleros, dentistas con una tienda de ropa, periodistas siendo administrativos, informáticos, profesores de yoga. Te vas y tu mundo rota, gira, se mueve todo. Y tú te adaptas y aprendes a hacer limonada con todo lo que te cae del cielo. En la reconversión está la clave. En la capacidad de hacer lo que toca sin perder tus objetivos iniciales. En saber llevar el camino. Aunque parece un poco de autoayuda, es así queridos, y no hay nada de reprochable en ello. Por el contrario, es parte de la aventura. Como también lo es conocer y acercarte a la nueva cultura a la que has llegado. Resiliencia que llaman.

 

3.-A amar desde lejos y conservar  amistades y familia. A esto nos ayudan mucho las redes sociales, pero es un ejercicio personal también. Los migrantes tenemos siempre la mitad del corazón latiendo en muchas partes. Vives con eso. Tus afectos también aprenden a saber que estás, aunque no aparezcas en la foto del cumpleaños, del matrimonio, del bautizo, ahí estás en pensamiento. Aunque en momentos amargos y dulces te toque hacer llamadas o mandar mensajes de voz en lugar de dar abrazos apretados. Ahí estás.

 

 

4.- A darle otro valor y otra mirada a tu país. La distancia otorga otra perspectiva de casi todo. Lo que antes era sagrado, ahora cambia de tenor. Lo insalvable parece tener otro color. Hay preceptos que se trastocan. Cosas que detestabas del gentilicio (antes de marcharte) casi te parecen entrañables y viceversa. Nunca, nunca, nunca dejas de pensar en ese lugar. Para bien, para mal. Para odiar lo que allí sucede, para querer estar allí cuando algo grande pasa. Eres de allí y allí están tus referencias, tus puntos de partida, lo que aprendiste y gran parte de lo que eres.

5.- A querer y agradecer lo que tienes, lo que aprendes y lo que quieres conseguir en el sitio al que llegaste. Dar gracias, siempre.