Migrantes

Madres que sueñan

Briamel González Zambrano

Hace pocos días me conmovió el relato de una madre venezolana quien me contó que había logrado reunir a sus cuatro hijos en Madrid. Todos, progenitores y vástagos, viven en países diferentes. La mujer lideró la gesta que implicó reunir presupuesto para los viajes de todos, hacer coincidir vacaciones y superar la burocracia pandémica en los aeropuertos con el único propósito de encontrarse todos en un mismo lugar después de más de ocho años.

Esta historia me hizo pensar en cómo valoramos el tiempo con la familia una vez que estás lejos y en las líneas que permanecen inalterables en nuestras listas de deseos, en que llevo siete años sin ir a Venezuela, en que no sé cuándo mi hijo podrá conocer de dónde viene su madre. Aunque tampoco tengo especial prisa porque aún es muy pequeño.

Algo tan sencillo como una reunión familiar entre unos padres y sus hijos es una tarea titánica para muchas familias venezolanas

La madre no quiso ir a museos, ni dar paseos, ni ir a restaurantes, ni exposiciones, ni tiendas. Solo quería tener a sus hijos juntos como si celebraran navidad en plena primavera. Los quería tener cautivos en el piso que alquilaron. Sentados con juegos de mesa, viendo fotos, recordando anécdotas y actualizándose hasta la madrugada, tomando un poco de vino y haciendo videollamadas a primos y tíos. Los hijos se rebelaron un poco del plan materno para poder conocer algo de la capital española, pero la complacieron en estar juntos para todos lados.

“Yo no quería salir porque me da terror el Covid. Ya somos mayores mi marido y yo, pero estar con ellos otra vez, fue cumplir un sueño. Recé mucho para que esto ocurriera. No sé si será la última vez ¿sabes? Así que con esto me quedo, con los días por aquí y la idea de que podamos hacerlo en otra oportunidad”, me dijo suspirando.

Por esas madres que rezan por sus hijos migrantes todas las noches, por las madres que rezan a la vez por sus propias madres que están lejos,  por las que han vencido el miedo a los aviones para ir a ver a sus hijos y nietos por el mundo, por aquellas que tragan fuerte al hablar por teléfono en la distancia de las navidades, los cumpleaños, los nacimientos o los duelos, por las que tienen a todos sus hijos en diferentes continentes, por las que se tuvieron que ir de su país y sueñan con regresar a un lugar donde sea posible el reencuentro. Por las madres que sueñan he escrito estos párrafos. Para desearles, desearnos, un feliz día.

¡Feliz día madres!

Feliz día de la madre 2022
Felíz día de la madre
Migrantes

El bálsamo de los amigos

Briamel González Zambrano

La vida pandémica nos quitó muchas cosas. Lo primero y más imporante es que acabó con muchas vidas alrededor del mundo. Si llevamos los efectos del Covid-19 a la vida cotidiana nos da como resultado obvio el uso de las mascarillas, pero también la falta de abrazos, de reuniones, de sonrisas, el elíxir de estar con los afectos. Ya van a cumplirse dos años de esta situación. Para quienes somos especialmente amigueros no nos es suficiente el zoom, la cámara del móvil y los mensajes de voz. Aunque yo pensé que esos artilugios tecnológicos eran un buen sucedáneo, ya he pasado demasiado tiempo queriendo a través de las pantallas.

No sé si será eso que los especialistas llaman «fatiga pandémica», pero me he dado cuenta recién de que es una necesidad física estar y hablar con amigos. Más allá del «me apetece», es algo necesario, útil y sanísimo. Sé que no estoy descubriendo América, lo que pasa es que palparlo es muy intenso. Este mes he vuelto a y abrazar a amigas. He llorado con algunas en vivo y directo, en plena calle o en el sofá de su casa por algún infortunio . Hemos recordado juntas nuestro recorrido vital. Con otras he reído a través de una llamada de whatsapp para hablar de la situación del país, de los padres, de los maridos, de los hijos y de los trabajos.

Vino además un amigo de la infancia. Estudiamos juntos en el colegio, bailamos juntos en el teatro muchas veces (era mi pareja oficial en todos los actos culturales) y en nuestra vida adulta nos hemos visto en nuestra natal Puerto Ordaz, en Santiago de Chile (donde él vive con su familia) y este fin de semana en Madrid.Pudo conocer a mi hijo y le quiso contar cosas de su madre, jaja. Yo volví a ver a los suyos que ya están grandísimos.Estos encuentros de amigos de la niñez son siempre gasolina para mi alma y me dejan repleta de recuerdos. «¡Qué nostálgica!» dirán algunos. La verdad es que cuando los panas son familia, el saborcito de encontrarse es una maravilla.

La gente buena con la que uno creció y que ahora está desperdigada por el mundo suele reafirmanos de dónde venimos, cómo hemos sido de pequeños y cómo hemos evolucionado. Asombra la seguridad con la que cuentan tus propias anécdotas. Como sabe él que me importaba la ortografía, la historia o el arte y cómo sé yo que a él lo que le encantaba era estar reparando una moto, un coche y usar las herramientas. La alegría de verse en persona, de escuchar el acento de mi ciudad y de recordar hasta el fotoestudio donde nos sacábamos las fotografías tipo carnet para la inscripción del colegio.

El bálsamo de los amigos es universal. Sin embargo, los migrantes tenemos a nuestros afectos en un mapa mundi raído y vernos nos innuda el alma de chispas de afecto. Por más momentos así para la gente.

Entrevistas, España, Migrantes

 “El venezolano es un excelente pagador y un cliente cumplido”

Juan Pedro Mancin, socio fundador de la empresa Reddo Credit, dejó atrás una vida de veintiún años en Estados Unidos para emprender en Madrid. Su compañía otorga préstamos rápidos y diseña productos financieros para la comunidad venezolana migrante en España. Ya han dado un millón de euros en créditos.

Juan Pedro Mancin, CEO de Reddo Credit, una empresa que otorga créditos a venezolanos en España

Briamel González Zambrano

Mientras hacía hallacas con su familia y un grupo de amigos en Madrid en diciembre de 2019, Juan Pedro Mancin (Caracas, 1977) empezó a macerar la idea de un emprendimiento relacionado con créditos rápidos para venezolanos residenciados en España. En enero de 2020, se reunió de nuevo con sus compañeros y no pararon de moldear el proyecto, investigando al mercado, los competidores y las posibilidades de éxito. El estallido de la pandemia de Covid no les detuvo. En mayo, plena efervescencia de confinamiento, Mancin y sus seis socios registraron la empresa y así nació Reddo Credit, una compañía que otorga préstamos rápidos a migrantes.

Antes de llegar a Madrid en 2018, Mancin vivió veintiún años en Boulder (Colorado, Estados Unidos). Allí estudió Administración en la universidad y trabajó como director en una empresa de telecomunicaciones. También emprendió con un restaurante y fue franquiciado de una cadena de pizzerías. En lo personal, se casó con su novia venezolana, que se fue a vivir con él a Estados Unidos. Tienen dos hijos que hoy tienen quince y once años respectivamente.

.-¿Por qué te viniste a España?

.- Quisimos tener la experiencia de vivir en Europa. De dar un cambio y la oportunidad a nuestros hijos de que vieran otra forma de vivir. Mis chamos son gringos, aunque siempre los llevé a Venezuela para ver a la familia, hablan español, comen arepas, pero crecieron en Estados Unidos y su mentalidad es la de allá. Mi esposa y yo queríamos también que vieran otras cosas. Ellos ya de mayores decidirán lo que deseen hacer. A mi hijo mayor le gusta mucho el fútbol así que está fascinado con el cambio (risas). A la pequeña le costó más al principio, pero ya está contenta también.

.-¿Por qué decides con tus socios diseñar una empresa destinada a venezolanos?

.-Cuando llegamos algunas personas nos sugirieron que emprendiéramos en hostelería, por ejemplo, pero pensamos que es un sector que los españoles tienen muy bien controlado y que sería mejor buscar un área donde aportáramos algo distinto. Así que, por una parte, nos parecía obvio que había un mercado con los venezolanos que nadie estaba explorando. Somos también migrantes. Sabemos que a mucha gente le cuesta ser tomado en cuenta por la banca tradicional. Por otra, tenemos una idea fija que es hacer país fuera del país. Quiero decir, para nosotros hacer que un venezolano prospere con estos préstamos, que monte su emprendimiento, que consiga pagar una deuda sin estar ahogado, que se compre una furgoneta, todo eso es también ayudar a Venezuela en buena medida. Evidentemente somos una empresa y buscamos obtener buenos resultados, pero lo que hacemos también tiene un impacto social.

.-De hecho, fuimos a la Web Summit en Lisboa, un evento dedicado a emprendimientos fintech (de tecnología financiera) y nos dieron el premio de “Startup de Impacto” generando aporte a la integración. El premio lo tenemos puesto en la oficina y me da mucho orgullo cuando lo veo. Lo hemos conseguido en muy poco tiempo, pero con mucho trabajo.

.-¿Qué se necesita para solicitar un crédito a Reddo Creddit?

.-Tener más de 18 años, tener documentación y rellenar el formulario que está en nuestra web. Hacemos un estudio del caso y le respondemos en pocas horas. Puede ser que al día siguiente ya tenga el dinero ingresado en su cuenta. Todo es por internet. No conocemos en persona a la gran mayoría de nuestros clientes. Es una empresa 100% digital. A los clientes que hemos conocido ha sido porque se han ganado algún premio en un sorteo de nuestro Instagram y lo han ido a buscar a la oficina.

.-Nuestros créditos personales van de 300 a 2000€. Prestamos también dinero a los “riders” (repartidores de comida/encargos a domicilio) para que puedan comprarse sus motos. Luego tenemos otros productos como créditos para microemprendimientos, con Pages Seguros tenemos pólizas para familiares en Venezuela, tenemos acuerdo con una clínica de estética y damos créditos para intervenciones allí.  Además, refinanciamos deudas. Le enseñamos a los clientes a tomar decisiones conscientes sobre sus finanzas personales. Tenemos una reincidencia de nuestros clientes del 52%. Es decir, en cuando terminan de pagar un crédito, evalúan la situación y tiempo después solicitan otro.

De izquierda a derecha: Alejandro González, Fernando Pages, José Antonio Cruz y Juan Pedro Mancin, socios fundadores de Reddo Credit. / Foto Cortesía

.- Parece una cifra de reincidencia muy alta. ¿Los intereses de vuestros créditos cuáles son?

.-Varían, pero en los préstamos personales son 10%. Te podría parecer muy alto, pero las empresas de microcréditos que ves anunciadas en la televisión cobran hasta el doble que nosotros. No nos gusta compararnos con este tipo de compañías porque trabajan distinto a nosotros, con plazos muy ajustados, intereses altísimos, sin asesorar bien al cliente, sin revisar si hay antecedentes del cliente en temas de apuestas. Nosotros tenemos otra visión y otra manera de gestionar los créditos. 10% suena alto, pero ten en cuenta que en Reddo prestamos el dinero (en el caso de los personales) casi sin ninguna garantía y el riesgo es altísimo y los créditos son a seis meses en muchos de los casos.  

.-¿Y el índice de morosidad?

.-Muy bajo. El venezolano es un excelente pagador, un cliente cumplido. Si no te puede pagar, escribe un mail, llama para la oficina, plantea el caso, da explicaciones y nosotros buscamos cómo solucionar. En este sentido estamos muy contentos. La respuesta y el compromiso de nuestros clientes es fantástica. El 72% de nuestra clientela es venezolana. Creo que le gusta nuestra empresa porque hablamos como ellos y conocemos de dónde vienen. Sabemos que en muchos casos la banca tradicional no los tiene en cuenta y es por eso que acuden a nosotros. En cuanto al resto de los clientes es de 20% de españoles y hay un 8% de migrantes de otros países.

.-¿Cuál es vuestro mayor caso de éxito?

.-No te podría decir uno porque aunque parezca demagógico en cada crédito estamos solucionando un problema a alguien. ¿Sabes lo que le soluciona a un rider tener su moto propia? También hemos dado un crédito a una chica que montó un mini emprendimiento de impresión (para vender tintas, etc), otro compró su furgoneta. La gente que compra seguros y ve que a su familia en Venezuela la atienden con casos de Covid. Todo esto nos llena mucho. Y si quieres un número, en diciembre pasado llegamos al número redondo de haber prestado ya 1.000.000 de euros. Parece poco para ser una empresa que se dedica a esto, pero si tienes en cuenta que son créditos de 300€, 600€, 2000€ entonces entiendes que se trata de un volumen alto.

Juan Pedro Mancin, Alejandro González y Carolina Páez Pumar, parte del equipo de Reddo.

.-¿Cuál es la diferencia de emprender en España con respecto a Estados Unidos?

.-El primer choque es la burocracia y la lentitud de los trámites. Al principio puede ser desesperante, pero luego lo entiendes. Imagínate que abrir una cuenta de banco para la compañía te lleve varios días. Eso en Estados Unidos es impensable, claro.

.-Pasa el tiempo y te vas adaptando a que así funcionan las diligencias. A veces, aunque quieres las cosas muy rápido, solo es cuestión de paciencia y de saber esperar.

.- En el caso de los temas bancarios también he vivido lentitud como cliente particular. A veces piden firmar papeles y declarar que no lavas dinero (por ser venezolano). Como sabes, tenemos paisanos que traen ingentes cantidades de dinero sin justificación.

.-Sí, claro. Sabemos que pasa eso. Yo tengo pasaporte italiano, pero el documento dice que nací en Venezuela y por eso me piden más requisitos y me hacen más preguntas.

.-¿Qué diferencias hay entre la vida en Estados Unidos y la de España?

.-(Suspira y sonríe un poco). No quiero herir a nadie porque en Estados Unidos fuimos muy felices y dejé a tantos amigos allá, pero vivir aquí es otra cosa. Es trabajar y también saber disfrutar de las cosas buenas y sencillas de la vida. Me fascina ver a media mañana a señora de ochenta años con sus amigas tomando unos churros con chocolate en una cafetería. Un tipo joven que hace un descanso del trabajo, se bebe una cañita en el bar de abajo (no es que se cae a palos, ojo) y vuelve otra vez a su oficina. Esa pausa para comer tranquilamente y seguir en tus obligaciones es una maravilla.

.-En Estados Unidos yo podía ver a gente comiéndose una hamburguesa dentro del coche durante la pausa del semáforo. Hay que construir la agenda cuidadosamente para cumplir con todo, trabajar, buscar a los niños al colegio, ir a reuniones, volver a casa y a lo mejor seguir trabajando. Es un ritmo muy frenético a veces. El tiempo del ocio y descanso no está en las prioridades del día a día. Aquí la gente sí lo tiene en cuenta porque sabe además que es bueno para la salud.

.-¿Qué proyectos tienen en Reddo Credit en el corto plazo?

.-Vienen muchas cosas buenas para los clientes. Una app de Wallet (billetera) desde donde puedan gestionarlo todo, una tarjeta de crédito Reddo y además queremos abrir en Italia y en Portugal donde vemos que hay grandes oportunidades. Todos estos planes son en el corto y mediano plazo.

España, Migrantes

¡Llégalo, llégalo!

Briamel González Zambrano

Mientras Yulimar Rojas saltaba en el aire hacia el oro y el récord mundial en los juegos olímpicos de Tokio 2020, su compañera gallega Ana Peleteiro brincaba y le gritaba fortísimo y con emoción desbordada: «llégalo, llégalo». Vimos las imágenes de esos momentos, de ese abrazo fraterno, de esa alegría compartida.

Más allá de la incontenible felicidad de ver a España y Venezuela obtener medallas, los gritos de Peleteiro me dejaron pensando en cuántas Anas tenemos los migrantes en nuestras vidas. Cuantos amigos hacemos a lo largo de nuestro recorrido en el lugar de acogida. Cuánta gente buena que se interesa por ti, por lo que pasa en tu país, por lo que quieres conseguir, por cómo está tu familia que se encuentra tan lejos. Esas personas que te animan siempre por solidaridad, por amistad, por compañerismo.

En los casi doce años en España he tenido tantas Anas. Mis amigas de la universidad en Venezuela que ya vivían en Madrid y que fueron las primeras en animarme a que me viniera. Viví y me empadroné en sus casas, me dieron un móvil, la tarjeta SIM, me llevaron a comprar ropa de abrigo y la tarjeta del Metro, me dijeron qué trámites hacer en Extranjería, me inscribieron en el máster cuando yo aún estaba en Caracas y no me habían aprobado la visa. ¡Gracias!

Luego empecé a estudiar y tuve mis amigas de la universidad de aquí. El Latin Team. Un grupete de periodistas de Argentina, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. Puros «países potencia», vamos. Nos sostuvimos en el frío, en el calorazo, en las salidas de marcha por Madrid y en viajes con poco presupuesto y muchas ganas. Aún hoy nos sostenemos, hablando de nuestros países y sus tragedias, nuestras maternidades y nuestras vidas. ¡Gracias!

Despues seguí estudiando y conocí a mis amigas de la Universidad Complutense. Mis complugirls. Mi inmersión en la realidad y política españolas. Mi intensivo de cómo la crisis ha tratado a la juventud más preparada de España, que tiene carreras, idiomas, Erasmus y también contratos y trabajos precarios. Condiciones difíciles. Ellas, Yara, Alba y Leti me enseñaron mucho de su país. Algunos de nuestros profesores del máster luego fundarían el partido Podemos. Flipamos. Vivi con Leti en un piso en Plaza Ciudad de Salta y aprendí a convivir con Gizmo, su perro, que no me hablaba porque sabía que soy alérgica. ¡Gracias!

Están los amigos y compañeros que conoces en los trabajos. Isabel que me enseñó refranes de España, la cultura manchega (como buena toledana) y que una amistad puede estar a prueba de aviones, hoteles, proyectos y distancia.
Wendy que, en medio de la gravedad de mi padre, me escribió un email que decía: «Aquí hay links con billetes aéreos a Venezuela. Cómpralo. Vete ya. No haces nada aquí».
A Jana que contesta mis consultas legales y de maternidad (nuestros hijos se llevan solo seis meses) y con ella aprendí que se puede tener las prendas del armario volcadas en un excel (y ahora en Trello).
Pilar que me vio llorando por una catástrofe en Venezuela y me dijo en perfecto andaluz: «esto también se va a acabá, mi negra. Se tiene que acabá». Con ella pasé mi primera Nochevieja fuera de Venezuela. Teníamos guardia y no había nadie en Madrid. :¿Cómo lo vas a pasá sola, mi negra? Te vienes con Nacho y conmigo y punto». ¡Gracias!
Beatriz que me presentó a su amigo de la infancia porque pensaba que nos caeríamos bien. Él es mi amor, mi segoviano, el papá de Mateo. ¡Gracias!
Laura, que vio mi CV y le parecí la candidata perfecta y me contrató. Sergio, Bea y Cris que no entienden por qué soy tan formal en mis correos electrónicos si cinco minutos antes de enviarlos nos hemos tomado un café y hemos echado chistes. Ahora que llevamos un año y medio fuera de la oficina, echo mucho de menos esas risas. ¡Gracias!

Por supuesto que siempre han estado la familia, los amigos de siempre, los de tu infancia y de la vida, pero este post quiere dar gracias a los que hemos conocido en el país a donde llegamos con dos maletas , un ordenador y una lista de tareas por hacer.

Gracias a tantas y tantas personas que te dan su mano, su afecto y que, como Ana Peleteiro, nos van gritando: «llégalo, llégalo». Sin ellos, llegar a las metas no tendría ni el mismo valor ni el mismo sabor ni la misma alegría. ¡Gracias!

En este videíto se puede oir levemente a Peleteiro:

Migrantes

Postales rotas

Briamel González Zambrano

Hace pocos días me enteré de que cerró el supermercado de portugueses cercano a la casa donde crecí en mi natal Puerto Ordaz y algo se me ha removido por dentro. La crisis económica también los ha agarrado por la pechera a ellos. Una familia de trabajadores inagotables. Se tranca la puerta de ese lugar con olor a una mezcla de lejía con embutidos y en cuyo aire acondicionado me refugié más de una vez para escapar de los 30 grados de temperatura habituales en Puerto Ordaz. 

Al super de los portus fui muchas veces con mis padres, me encontraba con amigos del colegio, con vecinos, con gente querida. También iba en bicicleta y era una aventura atravesar el “campito” de bicicross que hoy tampoco existe. Fue de los primeros sitios donde pude ir sola para hacer “los mandados”, es decir, comprar el pan, aceite, jamón y queso, Cheez Whiz o Harina Pan. Me gustaba siempre ver el trabajo de las cajeras y su botonera. Observaba cómo sacaban las cuentas, cómo corrían los productos por la cinta negra hacia su destino final que eran las manos de un joven embolsador, quien luego nos acompañaba hasta el coche y esperaba por su propina. “Algo para el refresco”.

Frente al “abasto”, como lo llamaba mi abuela, estaba el puesto de arepas de Mon, un colombiano que empezó vendiendo obleas en la zona y que con gran esfuerzo levantó su negocio que siempre estuvo lleno y al que yo volvía con ilusión. A Mon lo asesinaron unos malandros en marzo de 2015 y fue una conmoción en mi ciudad, para quienes lo conocimos y crecimos viéndole a él y a su mujer Carola detrás de la barra, atendiéndonos con afecto, preguntándonos por la familia y sirviendo unos jugos deliciosos y unas arepas inolvidables.

Sobre la misma acerca del supermercado estaba el kiosco de periódicos de una familia de chilenos. Allí mis padres compraban “El Correo del Caroní”, “El Nacional” y “Meridiano”. El olor del papel periódico se instaló allí de tal manera que, muchos años después cuando trabajaba en redacciones y bajaba a la imprenta, recordaba este kiosco por el aroma. A los chilenos yo les compraba barajitas para los álbumes de “Amor es” y del que estuviera de moda, además de chucherías, claro.

Recuerdo también cómo al otro lado de la ciudad, iba con mis amigas al abasto «La Española», donde la cajera se llamaba Pili (familia de los dueños) y saludaba a casi todos los clientes con su nombre de pila al tiempo que maneja la calculadora. Yo iba con mi amiga María Gabriela a comprar chiclets Adams de colores y Pepito. Allí también olía a embutido. Me pregunto qué será de Pili y de su memoria para la clientela. Google y mi prima me han confirmado que «La Española» sigue en pie. Por lo menos es una buena noticia.

Que todos estos comerciantes (los portus, los chilenos, Mon y Carola, Pili) sean migrantes habla de lo receptiva que fue Venezuela. De sus políticas de puertas abiertas no solo a europeos, sino también a personas que huyeron de las dictaduras que imperaban en el sur de América en la década de los setenta del siglo pasado y de la guerra que no ha dejado respirar saludablemente a Colombia desde hace muchas décadas. Como he dicho varias veces en el blog, los hijos de esos migrantes han hecho el camino de vuelta de sus padres o abuelos. Retoman ese viejo pasaporte y se van a buscar otra vida en esa tierra que habían dejado sus ancestros o en un tercer destino que les sonría y les pinte un escenario de paz.

Hace pocas horas, mientras cerraba la idea de este post, el gobierno tomó las instalaciones de El Nacional en Caracas, debido a una demanda interpuesta por el teniente Diosdado Cabello. Por suerte, los dueños salvaron el archivo físico y digital. No se sabe aún qué pasará con la sede. Trabajé en ese diario a principios de siglo, en otra vida podría decir. Hice amistades para siempre, aprendí, cometí errores, me formé y llevé ese carnet en el pecho con mucho orgullo. Mi época fue en la sede vieja de Puente Nuevo a Puerto Escondido. A este nuevo edificio solo fui de visita, porque yo ya trabajaba en El Universal. Duele igualmente por lo que significa que desde el poder se arrase con todo lo que huela a debate, a ideas y a democracia.

Siendo realistas, uno no espera que los espacios de la infancia se queden intactos para siempre. Eso no suele ocurrir. Lo que sorprende es lo abrupto de la demolición. Las razones por las cuales, de pronto, todo se borre y ya no haya ni super, ni Mon, ni kiosco y tampoco sede de un diario septuagenario. La crisis y los mandatarios desbarrancadores del país tienen toda la responsabilidad de que todo se nos vaya convirtiendo en una postal rota.

Te invito lector apreciado a que pienses en tu vecindario de la infancia, en qué queda de él y sonrías por lo bonito que se vivió allí, que eso no nos lo pueden robar.

Un supermercado cualquiera en la Venezuela de hoy

PS: También te puede interesar este post sobre las casas de la infancia -> Fachadas

Entrevistas, España, Migrantes

Máximo Peña: “Ser papá implica haber vuelto a nacer”

El psicólogo y periodista venezolano lleva dos décadas viviendo en Madrid y nos cuenta su recorrido como migrante y como padre. El autor del blog www.psicologiaparatodos.org invita a los hombres a abrirse a la experiencia de la paternidad.

Maximo Peña y su hija Maya hace unos años

Briamel González Zambrano

Máximo Peña (Caracas, 1970) era reportero de la sección de política del diario El Nacional cuando a finales de 1998 decidió que se quería ir de Venezuela para ver mundo y conocer otros lugares. Así que dejó todo y el 15 de enero de 1999 aterrizó en Londres con la excusa de aprender inglés, y además de estudiar el idioma se dedicó a viajar por Europa. Sus amigos le desaconsejaron que se fuera de su país porque consideraban que venían cambios importantes debido a que acababa de ganar las elecciones el teniente coronel Hugo Chávez, alguien a quien Peña conocía por su trabajo.

“Al salir de la cárcel, Chávez era lo que en el argot periodístico denominamos un galápago. Un tipo que llegaba a deshoras a la redacción para que lo entrevistaran, aunque él no tuviera nada nuevo que decir. Nadie en el periódico quería hablar con él porque les dada fastidio, pero como yo era el nuevo, me lo pasaban para que lo atendiera. Con el tiempo, él me propuso que me fuera a trabajar a su lado para gestionarle la prensa. Le dije que no, pero que le podía sugerir a algún compañero que le ayudara en la relación con los medios. Entonces me comentó que no le interesaba si la persona sabía o no de comunicación, que lo importante era que estuviera comprometida con su causa. Eso ya me dio indicios de cómo sería si llegaba a tener algún tipo de poder o gobernar”, recuerda Peña mientras hablamos por videollamada.

De manera que las ganas de viajar salvaron al entonces reportero de ver en directo parte de la destrucción de Venezuela. Al irse en 1999 solo ha sido testigo del desastre político, económico y social a través de sus familiares, sus amigos y de los titulares. Ha sufrido la pérdida del país de una manera diferente. “La migración te deja sin tu contexto habitual y eso es un cambio tremendo. Te abre heridas. A los venezolanos se nos añade (así como a los sirios, por ejemplo) que nos quitaron un lugar a donde volver. Tengo amigos mexicanos, colombianos, argentinos que regresaron a sus países cuando la crisis financiera de España en 2008. Yo no tenía un sitio a donde retornar”, comenta Peña con un tono rotundo.

En el año 2000 llegó a Madrid e inició la vida en pareja con María Jesús Montes (“Chus”), quien fue su compañera en el periódico. Al llegar a España pensó que sería fácil ejercer el periodismo. Aplicó para hacer un máster en el diario El País y quedó seleccionado, pero no becado, de manera que no pudo acceder al curso y decidió buscar empleo en lo que consiguiera. Trabajó como figurante en series de televisión y en películas, fue teleoperador, buzonero, ayudante de escultor, camarero y hasta estuvo atendiendo en una churrería en la Feria del Libro de Madrid, donde le sirvió churros al propio Mario Vargas Llosa. Está convencido de que haber tenido este tipo de ocupaciones lo hicieron crecer como persona, ganar habilidades, destrezas, apertura mental y además nunca más ha tratado mal a nadie que esté en atención al público.

Estuvo dos años como migrante sin papeles hasta que en 2002 regularizó su situación legal y desde el año 2006 cuenta con la nacionalidad española. Lo de trabajar en periodismo lo dejó de lado en parte por la falta de oportunidades, pero también porque, según comenta Peña, no se subió al tren de la modernización y tecnología que ha acompañado a los medios de comunicación en las últimas dos décadas. “Yo escribí noticias en máquinas de escribir. Luego pasé a los ordenadores, pero nunca trabajé en redacciones digitales, ni integradas, ni con redes sociales. De alguna manera me quedé de lado en ese sentido y eso es una desventaja, pero no me quejo”, dice Máximo.

.-¿Qué te llevó a estudiar Psicología?

.-Siempre tuve intereses más allá del periodismo. De hecho, estudié Filosofía al mismo tiempo en la Universidad Central de Venezuela, pero no terminé. En el año 2004 tuve una crisis personal profunda debida a la migración, por todos los cambios que produjo en mí y todo lo que me hizo revisar. A partir de ese momento, no paré de leer temas relacionados con la psique y ya en 2010 empecé formalmente a estudiar la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), que es muy exigente. Además yo trabajaba, estudiaba y en el camino me convertí en padre también.

.- En tu blog www.psicologiaparatodos.org hablas de apoyo a migrantes, de la paternidad y de asesoría a padres, además de otros temas. Quisiera centrarme en estos dos. Primero, ¿los migrantes qué apoyo te suelen pedir?

.-Estoy muy orgulloso del blog y allí fusiono mis dos oficios, el de periodista y el de psicólogo.Veo el blog como si fuera la sección de Psicología de un periódico. Como he dicho antes, la migración te cambia el contexto, tus referentes se diluyen y es imposible que migres y sigas siendo la misma persona que eras antes de salir de tu país. Cambia tu forma de pensar en un montón de cosas. De manera que con mis pacientes migrantes hablo de cómo encajar ese cambio enorme que implica trasladarse a otro país, donde no tienes familia, donde nadie te conoce, donde no sabes cómo se hacen las cosas, ni a dónde acudir en determinadas situaciones. Trabajamos las formas y las herramientas para afrontar ese reto. También trato a niños y adolescentes hijos de padres migrantes. Estos pacientes suelen presentar problemas conductuales debido a que los progenitores hacen lo mejor que pueden, pero muchos no tienen tiempo físico para compartir con los niños porque tienen que buscarse la vida, trabajar muchas horas para mantener a la familia. Esto hace que los pequeños pasen gran parte del día solos, jugando a la consola, con pantallas o viendo tele, y luego presentan problemas de adaptación y en el colegio.

Recibo además a parejas de padres primerizos, por ejemplo, porque suelen tener crisis por la transformación que implica la crianza y tener un bebé en tu casa, donde antes han vivido solo dos. Se transforma la sexualidad, la mujer en el puerperio atraviesa muchos procesos, las prioridades son otras y aparecen conflictos. De hecho, la tasa de divorcio se incrementa 30% en esa etapa.

Máximo y su hija Maya disfrutando de un paseo por la playa.

.-Hablando de la paternidad. ¿Cómo hacen los padres tan formados e informados como tú para estar al día de los temas relacionados con crianza e hijos? ¿Cuáles son las fuentes?

.-El camino de ser un padre consciente empieza en el momento en el que quieres serlo. Es decir, cuando yo tenía como 30 o 35 años pensaba que ser padre era lo peor que me podía pasar. Me parecía que esa pequeña persona me venía a robar mi vida, mi libertad, mis ganas de hacer cosas. Son etapas de la vida donde uno suele ser muy egoísta. La realidad es que la paternidad no te quita nada. Por el contrario, tu “yo” se duplica. Para mí, ser papá implica haber vuelto a nacer. Hay una parte de mí que ahora mismo está en el colegio mientras tú y yo hablamos. He aprendido de nuevo lo que implica montar bicicleta, leer cuentos infantiles, a descubrir la naturaleza y sus fenómenos y disfrutar de todo lo que le asombra a mi hija a diario. He aprendido también que ser padre es ser vulnerable porque estás siempre pendiente de esa persona y de su bienestar.

Con respecto a cómo me informo, pues todo empezó durante el embarazo cuando mi mujer se acercó a la asociación El Parto es Nuestro. Se enteró de muchas cosas y yo me involucré en ese proceso. Ella y yo quisimos un parto seguro, planificado y controlado en casa, atendido por una matrona profesional. Eso implica informarse muchísimo con profesionales, a través de asociaciones, con libros, hablando con otros padres.Mi hija Maya nació en nuestro hogar hace casi ocho años. Haber sido testigo de eso fue una experiencia transformadora, algo inexplicable. (Suspira. Se emociona).

A partir de ahí todo ha sido formarme. Siempre de la mano de mi pareja, que ha estudiado y estudia muchísimo para ejercer su maternidad. Me apasionó tanto el tema que mi tesis de grado de psicología trató sobre los cambios en el cerebro de una mujer que da a luz de forma natural y de una mujer que tiene a su bebé por cesárea. Doy charlas además sobre el parto respetado, sobre paternidad y soy miembro de la Asociación Española de Psicología Perinatal y del Instituto Europeo de Salud Perinatal.

.- ¿Qué diferencias ves entre la paternidad que le tocó a nuestros padres y la de la actualidad?

.- Hasta hace muy poco conocimos dos modelos principales de padres: el ausente y el proveedor. El segundo tipo era un papá que trabajaba para obtener el sustento de la familia y que jugaba cuando podía con sus hijos, se lo pasaba bien con ellos cuando tenía tiempo y daba los permisos más importantes para actividades fuera del hogar. Ahora hay una oportunidad tremenda y maravillosa de ampliar la paternidad, de ser un padre que les prepara las comidas, que sabe cuándo le tocan las vacunas a su hijo, cómo se llama el pediatra, qué color le gusta, qué libros lee, qué dibujos quiere ver en la tele, qué deberes tiene que hacer para el cole, en qué curso está, etcétera. No digo que no existieran padres así antes, pero eran muy escasos y nada visibles. Ahora está la posibilidad de implicación mucho mayor en los cuidados, no es que seas una ayuda a la madre, es que es tu derecho y tu deber estar involucrado en todo lo concerniente a tus criaturas. El proceso de crianza es extraordinario porque vuelves a tu infancia, revisitas la relación con tus padres y además generas la ocasión de cortar la cadena de transmisión de traumas.

.-¿Qué quieres decir con esto último?

.-Que si por ejemplo una persona es tímida porque en su casa le mandaban a callar y eso lo convirtió en alguien apocado, eso no tiene que repetirse con tu bebé si no quieres. Si recibías malos tratos, no los tienes que hacer con tu hijo. La crianza es el momento para cambiar esos patrones, para intentar hacerlo mejor y también para repetir aquello que consideramos que nuestros padres han hecho genial.

.-¿Qué consejo darías a unos padres que migran en este momento de la pandemia?

.-La pandemia lo complejiza un poco todo, pero el consejo es que se abran a la experiencia de la paternidad. Que formen tribu con los padres de la guardería o del colegio. Yo siento que me he integrado muchísimo más en España desde que Maya nació. Eso es porque estás en el colegio conociendo a padres que se convierten en amigos, en las personas que a lo mejor la buscan si yo tengo un paciente y no me da tiempo de llegar. La paternidad te ayuda en la integración enormemente. Por ejemplo, llevar a la niña al médico te hace comprender mejor el sistema sanitario, o de qué se habla en la sala de espera, qué dudas tienen otros. A eso me refiero con que esos padres migrantes se involucren y cuanto más lo hagan, más sus hijos y su familia estará integrada en el nuevo país al que llegan.

Como psicólogo, Máximo Peña atiende a migrantes, padres, parejas, adolescentes. Toda la información está en su blog http://www.psicologiaparatodos.org

Día del niño, Entrevistas

Agenda con peques: Un proyecto familiar para promocionar el entretenimiento infantil

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Nancy Sánchez y su hijo Iker. Los creadores de «Agenda con peques».                                              Foto Eduardo Noda

 

 

La periodista Nancy Sánchez divulga las actividades destinadas a los niños desde una cuenta de Instagram en la que informa de los planes para los más pequeños en Madrid. En esta entrevista repasamos su historia migrante y cómo nació su plataforma para informar a los niños y a sus padres.

Briamel González Zambrano

Nancy Sánchez (Caracas, 1972) vive en Madrid desde el año 2002. Los hechos de violencia política de ese año en Venezuela precipitaron su mudanza a la capital española. Dejó su cargo como productora ejecutiva en el “Noticiero Venevisión”. Se vino con ella su novio Aníbal, con quien llevaba un año saliendo y quien se convertiría en su esposo al poco tiempo de llegar.

“Aquello fue muy duro. Me daba terror que le pasara algo a alguno de los reporteros que yo coordinaba. El solo hecho de pensar en tener que llamar a un padre para decirle que a su hijo le habían pegado un tiro en una manifestación me agobiaba mucho. Así que no esperé más y me fui en septiembre de 2002”, recuerda, mientras la entrevisto por videollamada.

El padre de Sánchez es gallego y su madre es venezolana, pero con raíces en Galicia, así que no tuvo problemas de documentación porque tiene pasaporte español. Su mudanza implicaba volver a los orígenes de su familia. Ella venía a España de vacaciones. Había hecho un curso de especialización en Madrid en 2001 y sus dos hermanos ya vivían aquí. Ni el país, ni la ciudad, ni el acento le resultaban extraños. Pensó que viniendo de trabajar en Venevisión conseguiría empleo rápidamente en algún canal español. “Mínimo, esperaba trabajar en Radio Televisión Española. (Risas). Fui muy ilusa. Eso nunca ocurrió. El mercado laboral en los medios aquí es muy duro.  Fui teleoperadora de bancos, de venta de suscripciones de El País (que fue lo más cerca que estuve de trabajar en lo mío en esa etapa), vendí publicidad a puerta fría.  Estuve en oficios  que jamás imaginé y que me permitieron mantenerme  y aprender mucho”, dice.

En 2005 empezó a trabajar como redactora en medios dirigidos hacia el público latino como la revista Toumaï, Radio Mundial y El Comercio de Ecuador.  Eso le permitió un acercamiento a la comunidad latinoamericana en España y un conocimiento de diversas realidades de los inmigrantes. La crisis de 2008 afectó al sector y muchas de esas plataformas se quedaron sin anunciantes y quebraron. Nancy siguió trabajando de forma independiente y colaborando a destajo con publicaciones.

En el año 2012 todo cambió. Nació su hijo Iker y él se convirtió en el centro de sus prioridades. Como toda primeriza, tuvo que aprender de todo lo relacionado con el mundo infantil y además cómo se hacen las cosas en España. “Yo nunca había cambiado mi chip del lenguaje, por ejemplo. Como trabajaba en medios latinos, no había problemas en hablar y escribir en perfecto venezolano. Cuando nació Iker, en la guardería nos pidieron con mucho respecto que teníamos que enseñarle cómo se dicen las cosas en España porque si no las maestras no lo entenderían. Por ejemplo, bacinilla, que aquí se dice orinal. Cosas así. Aníbal y yo somos venezolanos. Aunque mi padre sea gallego, hablaba sin acento en Venezuela porque tenía restaurante y se relacionaba mucho con sus clientes. Es más fácil para las parejas mixtas, pero nosotros tuvimos que empezar a incorporar todo ese vocabulario en nuestro hablar diez años después de haber llegado a España. Ahora él nos corrige las palabras (risas)”.

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En efecto, Iker es un niño muy despierto y está pendiente de la conversación que tenemos su madre y yo. Se asoma por el móvil a saludar y también intenta aportar cuando su madre me va explicando cómo cambió la vida con su llegada.

Cuando el pequeño estaba por nacer, una prima de Nancy necesitaba una recepcionista en su clínica de fisioterapia y le ofreció el trabajo. Ella aceptó y se desempeña como administrativa, telefonista y responsable de redes sociales.  “Poco a poco fui amoldando este cargo a temas de comunicación, publicidad y hago de todo. He aprendido mucho y me permite conciliar mi rol de madre con el laboral”, comenta.

Agenda con Peques

A medida que Iker dejaba los pañales y había que hacer planes con él, Nancy investigaba dónde podían llevarlo, qué actividades gratuitas tenía Madrid cada fin de semana. Compartía sus hallazgos con el grupo de madres de su urbanización. Una de ellas le dio la idea de hacer una plataforma para reunir toda esa información.  Así se le ocurrió hacer la cuenta de Instagram: Agenda con peques, que nació en verano de 2018.

“Mi cuñada es de un pueblo de Aragón. Siempre van en verano para allá y cuando llevamos a Iker, a quien le fascina la naturaleza, vi cuánto disfrutó ese entorno rural, libre, sencillo, con gente amable y muy distinto a la ciudad. Me di cuenta de que hay muchos planes que puedes hacer con poco dinero y cuánto se le puede enseñar a un niño en un ambiente así.  El primer post fue la visita a ese pueblo en agosto de 2018”, rememora Sánchez.

A partir de entonces ha publicado sobre parques, presentaciones de magos, cuentacuentos, payasos, ferias del libro, museos, planes de verano, recorridos infantiles por Madrid, títeres, exposiciones, conciertos y hasta mercadillos solidarios. Todo con la idea de mostrar la oferta de la ciudad para los más pequeños.

Con respecto a las acciones solidarias, Sánchez considera que son oportunidades para enseñar valores a los niños. “Mantuvimos a Iker muy protegido de las noticias sobre Venezuela. Nunca hablábamos de eso delante de él. Hasta que hubo una votación en 2017 en la que no tuvimos con quién dejarlo y vino con nosotros. Nos vio con banderas, emocionados. Tuvimos que explicarle la situación. Ahora él sabe que hay un rey malo que gobierna en el país de sus padres y que a mucha gente le falta alimentos, comida, medicina y que por eso papá y mamá van a votar, a protestar, que es lo que pueden para que aquello mejore. Cuando recolectamos ropa para los venezolanos que viven aquí, él ya entiende por qué lo hacemos y nos ayuda, nos da de su ropa, de sus juguetes”, explica Nancy.

Agenda con Peques no se va a quedar solo en Instagram. Tienen el proyecto de expandirlo a Youtube y contar en vídeos cuánto disfrutan de los planes infantiles. “Aníbal está trabajando la parte gráfica. Iker es un producto nato de Agenda con Peques. ¡En cuanto ve algo me lo dice para publicarlo en el Instagram! Se ha convertido en un proyecto familiar. Habrá muchas sorpresas. Nos divertimos mucho y es muy gratificante saber que ayudas a otros padres en la gestión del tiempo con sus hijos. Ahora en el confinamiento nos lo han agradecido mucho. Dimos ideas de cómo gestionarlo y hablamos con psicólogos y maestros”, revela.

El reto que supuso estar confinados con un niño de ocho años puso a prueba a Nancy y a Aníbal. Tuvieron que cambiar las reglas de casa, flexibilizar horarios, permitirle que saltara en el sofá para que pudiera hacer actividad física, explicarle de ciencia y virología para comprender la gravedad del coronavirus, hacer muchos deberes y estudiar con él. Adicionalmente, los abuelos de un par de amigos de Iker fallecieron por la enfermedad, así que también hubo que hablarle de la muerte.

“Siento que ha madurado mucho en estos meses tan duros de estar en casa sin poder salir a jugar, sin ir al cole, sin ver a sus amigos y teniendo que  estudiar a través de la pantalla. No sé si le tocaba esta madurez por edad o por lo que ha vivido. Como padres, estamos siempre muy pendientes de sus etapas de desarrollo y sabemos que esta ha sido especialmente difícil para todos”.

Mientras tanto, Iker se sigue asomando por el móvil en nuestra conversación. Habla con su acento castizo y le pregunto a Nancy sobre cómo es tener un hijo que pronuncia distinto a sus padres. Se ríe. “Para mí, la historia se repite. Antes dije que mi padre habla supervenezolano, pero igualmente dice palabras españolas. Yo siempre supe que él era de otro país. Así le pasará a Iker. Sabe que sus padres vinimos de lejos y por eso nuestro lenguaje es diferente.  Lo miro como riqueza cultural y es divertido”.

Además de Agenda con Peques, Nancy ha desarrollado la iniciativa “Chiquipress”, que son planes infantiles y descuentos para los hijos de los socios de la asociación “Venezuelan Press” (que agrupa a más de 400 periodistas venezolanos en España). El proyecto nació en diciembre pasado y ha compartido planes que buscan que los niños nacidos en España aprendan sobre le país de origen de sus padres y también se integren al lugar donde han nacido. Todo con la idea de la integración cultural y el esparcimiento infantil.

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Agenda con peques incluye planes de museos, ciencias, arte, cocina y todo lo relacionado con entretenimiento infantil

 

Entrevistas

“Cocinar con mis hijos es un regalo y una bonita forma de enseñarles muchas cosas”

Conversamos con el autor del libro de recetas “La cocinita de papá”, cuya historia de inmigrante incluye diez países, un matrimonio, tres hijos y muchas aventuras periodísticas.

Briamel González Zambrano

Caminamos por la fría noche invernal madrileña buscando un lugar tranquilo para hacer esta entrevista a José Baig, periodista y autor del libro ilustrado “La cocinita de papá”, que contiene recetas preparadas por un padre y sus tres hijos, con el acompañamiento de la madre. Paramos en un bar en pleno Paseo de La Castellana. No había clientes y tenía tapas que lucían ricas, así que nos pareció el más apropiado. Sin embargo, durante toda la conversación nos acompañó el fondo musical aleatorio que salía del televisor cercano a nuestra mesa.

A Baig lo conozco desde principios de siglo, cuando ambos reportábamos una crisis política en Venezuela en la que intervino la Organización de Estados Americanos. En aquella época, él trabajaba como reportero en la BBC de Londres y yo, en el diario El Nacional. Como es natural, desde entonces hemos cambiado de trabajo, de países y de peso, y nos hemos seguido encontrando para honrar la amistad nacida entre micrófonos, grabadores y portavoces diplomáticos.

Pedimos una ración de jamón ibérico y un par de cañas y nos sentamos. Baig vive en Holanda y viene con frecuencia a España, porque sus padres  residen en Cataluña y en Madrid tiene una legión de amigos. De hecho, fue en la capital española donde se diseñó el libro “ La cocinita de papá” y donde fue presentado a los medios en mayo de 2019.

.-Antes de llegar al libro, me interesa que hagamos un recorrido por tu historia como migrante. Naciste en Uruguay y llegaste a los cuatro años a Barquisimeto. Tu padre es catalán y tu madre es uruguaya. De manera que ser extranjero y lo de migrar lo conoces desde pequeño.

.-“Sí, en mi familia está esto muy presente. Somos cinco hermanos, soy el tercero y el último en nacer en Montevideo. Ser extranjero en aquella época en una ciudad pequeña como Barquisimeto no era un impedimento para nada. Desde pequeño tuve la conciencia de que mis padres eran de otros sitios, pero yo siempre me he sentido venezolano, porque uno es de donde creció, donde hizo los primeros amigos, las primeras aventuras”.

.-De Barquisimeto te vas a Caracas a estudiar en la universidad

.-“Sí, con 19 años y no pocos tropiezos me fui a estudiar Comunicación Social en la UCAB.  Vivía en una residencia en Montalbán. De ahí me mudé a Santa Fe. Luego mi movilidad social hacia abajo (risas). Me fui a Los Flores de Catia, luego a La Vega. Trabajé como preparador (asistente de cátedra) de la materia Géneros Periodísticos. Empecé a trabajar en Radio Fe y Alegría, que fue una gran escuela para mí”.

–Suena en nuestro fondo musical televisivo: Let It Be, de Los Beatles

.-¿De Fe y Alegría saltaste al Radio Caracas Radio (RCR)?

.-“No vayas tan rápido. Luego estuve en la corresponsalía de El Tiempo de Puerto La Cruz en Caracas y allí me pilló el golpe del 4 de febrero de 1992. En lugar del poner el ‘por ahora’ que dijo Hugo Chávez, escribí ‘por el momento’y no puse la frase histórica del tipo” (risas).

En ese instante el camarero le llama insistente: “¡Joven, joven, por favor!”

.-¿Ah, es conmigo? Es que como ha dicho “joven”.

Reímos. Recibimos la ración de jamón.

De El Tiempo,  Baig se fue como reportero de Economía a RCR, donde reportó la crisis bancaria venezolana del año 1994 y también aprendió inglés gracias a un curso en el British Council que le pagaba la emisora. De RCR saltó a la consultora Burson Marsteller donde llevaba la cuenta de una cadena estadounidense de comida rápida, y estando en esta multinacional le preguntaron si conocía a alguien que quisiera trabajar para la BBC en Miami. Él dijo la frase: “Yo mismo soy”.

—Suena “Te quiero” de Rosario Flores—-

.-¿Qué tal esa experiencia migratoria a Estados Unidos?

-“Muy mal. La recuerdo fatal. Era 1996. Yo tenía mis papeles, mi trabajo, pero para mí fue un año horrible. Me costó muchísimo adaptarme a la ciudad, a aquella vida. Supongo que no estaba del todo preparado. Estuve allí dos años. En 1998 me mandaron a Londres. A finales de ese año, por supuesto me enviaron a Venezuela para cubrir las elecciones presidenciales donde ganó tú sabes quién.

En ese viaje a Caracas, fui a una fiesta en casa de unos amigos. Iba en el ascensor y se subió una muchacha muy guapa que me dijo: ‘Tú eres el famoso Josito, ¿el que vive en Londres, no?’. Yo dije para mis adentros: ‘¡Upa, esas bujías no son Champion!’ (aludiendo a que había notado cierto chispazo). Me fui del lugar con el número de teléfono y la dirección de correo electrónico de la moza”.

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José Baig reunió en un libro recetas que cocina con sus tres hijos

.-¿Volviste a Londres?

.-“Para recoger mis cosas, porque me mandaron a abrir la corresponsalía en México”.

.-Por tu cara, parece que fue mucho mejor que Miami ¿no?

.- “Es que México es el amor. Yo creo que todos los latinoamericanos somos un poco mexicanos. Recordemos que la radio venezolana tuvo durante muchos años un programa que se llamaba ‘Guitarras, mariachis y canciones’, están Juan Gabriel, El Chavo, Armando Manzanero, Cantinflas, Capulina. Todos son referentes para casi cualquiera de la región. Fui muy feliz en México. Cubrimos la victoria de Vicente Fox, vimos perder por primera vez al PRI. Pasaron muchas cosas. Entre ellas, que Cecilia, la chica de la fiesta, se vino a vivir conmigo a Ciudad de México y además encontró trabajo a las dos semanas de llegar.

En esa época empecé a prepararle platos a mi novia. Yo cocinaba de pequeño con mi madre. Le pasaba los ingredientes. Picaba verduras. La cocina es una ambiente donde me ha gustado estar siempre. En esa fase mexicana empecé a destacarme para impresionar a la muchacha que lo había dejado todo por venirse conmigo. Un tiempo después nos casamos” (risas).

.-¿Cuál fue el siguiente destino?

.- “Bogotá. Me tocó cubrir la guerrilla, el proceso de paz, la primera victoria de Álvaro Uribe, la primera Miss Colombia negra de la historia. También allí cocinaba cuando podía, como un hobbie, pero tenía muchísimo trabajo.

De Colombia nos fuimos en 2002 para vivir en Buenos Aires. Allí estuvimos hasta 2004. Una ciudad hermosa, un país en el poscorralito, con unas crisis económica muy profunda. Muchos frentes abiertos. Cubrí la victoria de un señor entonces muy desconocido llamado Néstor Kirchner.

En lo personal la etapa argentina la recuerdo un poco de tristeza porque vivimos cosas duras. Falleció mi suegra, intentamos tener bebés y tuvimos dos pérdidas. Tuvimos muchos duelos. Sin embargo, de Argentina saltamos a Londres de nuevo y en 2004 nació nuestro hijo Manuel. Después en 2006 llegó Yolanda y en 2007 vino Jorge en Miami.

Entre 2006 y 2009 volví a Miami, pero ya con mi familia. Fue otra experiencia migratoria, otra vida distinta a la del ’96 y con muchas más herramientas para enfrentar la migración”.

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Los niños aprenden cosas como picar, pelar,  calentar y la calidad de la comida

.-¿En 2009 dejas la BBC?

.-“Sí, después de trece años y esa cantidad de países y coberturas. La cadena dejó de hacer radio en español y yo no vi lugar para mí. Así que me fui a Cataluña, de donde es mi padre. Allí estudié cocina, empecé el blog La Cocinita de Papá, daba clases de radio en un máster, empecé a correr maratones. Hasta que en 2011 me contrataron en el departamento de comunicación del Banco Mundial y nos mudamos a Washington. Una gran experiencia. Los niños creciendo en ese entorno. Allí cocinábamos también cuando podíamos. Vivimos seis años en DC, hasta 2017 que nos fuimos a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) donde me contrató un fondo financiero.

.- De Estados Unidos a Bolivia hay un cambio drástico, ¿no?

.-“Sí, es evidente. Los niños lo notaron y mi mujer y yo también. Vuelves a ver pobreza extrema, profundos problemas sociales. Nada desconocido para un venezolano, pero sí fue un cambio importante. Duró poco. Nos quedamos allí hasta finales de 2018. Para enero de 2019 ya estábamos en Holanda, a donde me fui a estudiar un máster. En esa misma época empecé a escribir en el diario La Vanguardia sobre La Cocinita de Papá y la columna se llama Baig Cooking, donde hablo también de cocinar en lote.

.- Y en mayo de 2019 lanzaste el libro “La Cocinita de Papá” en Madrid.

.-“Sí, que por cierto, no fuiste a la presentación, pero no importa (risas). Hacer el libro implicó un trabajo muy cuidado por parte del diseñador y de la ilustradora. Tiene mucho detalle. Lo pensamos como un proyecto para toda la familia. Al final, cocinar con mis hijos es el mejor regalo que nos podemos hacer y una bonita manera de enseñarles. Es una gran herencia. Por muchas razones, porque aprenden de dónde vienen los alimentos, entienden la importancia de comer sano, conocen conceptos como tiempos de cocción, temperatura, calidad de las verduras, las hortalizas, formas geométricas, hacer la compra. Es una manera de que entren en contacto con mucha cosas y es un tiempo de calidad que compartes con ellos. Por eso me emociona tanto este proyecto”.

.-¿Los niños también lo ven así?

.-“Habría que preguntárselo a ellos, pero empezamos a cocinar juntos porque se acercaron a la cocina siendo muy pequeños a preguntarme qué hacía y cómo lo hacía. Yo vi una oportunidad y los integré en mis actividades culinarias. Mi madre lo hizo así conmigo y mira cuánto lo aproveché cuando viví solo por ahí. A ellos les gusta. Les hace ilusión, como se dice en España”.

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Una foto de hace unos años. Los niños estaban muy pequeños y ya ayudaban en la cocina.

.-¿El libro también vale para una pareja que no tenga hijos y no sepa cocinar?

.-“¡Claro! De hecho es superútil porque se explica todo con mucho detalle y simplicidad. Especial para quienes no cocinan. Sé que lo preguntas por ti” (risas).

.-¿Cuál es el próximo paso de La Cocinita de Papá?  ¿Un canal de Youtube?

.-“El libro sigue siendo nuestra apuesta. Está en todas las plataformas digitales y lo vamos presentando progresivamente en distintas ciudades donde vemos que hay interés. Seguiremos también con la columna en La Vanguardia y publicando en nuestra cuenta de Instagram”.

.-De todos estos países, viajes, mudanzas y migraciones, ¿qué aprendizaje te queda?

.-Esto lo vi en una película argentina. La frase la dice un italiano que vivía en Buenos Aires: “Mi corazón hace aquí tic y allá hace tac”. Esa es la vida del migrante. En cuanto asumes que casi todo lo que te pase es un aprendizaje, mejor te lo vas a pasar.

.-¿Qué consejo le darías a tantos paisanos venezolanos que están migrando recientemente?

.-Que procuren acostumbrarse lo más rápido posible a su nuevo hogar. No por ello dejarán de ser venezolanos. Que si tienen hijos no se preocupen en exceso por su adaptación. Los niños en general son muy flexibles a estos cambios y los encajan bien y aprenden un montón.

¡Ah! Y que compren el libro “La cocinita de Papá” que les va a encantar (carcajadas).

–Suena “En el boulevar de los Sueños Rotos” de Joaquín Sabina.

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El libro está disponible en plataformas digitales.

Entrevistas

Beatriz López y Antonio Zamora: Una pareja de trotamundos que mezcla jamón serrano y tequeños

A propósito de San Valentín contamos la historia de amor de Beatriz y Antonio, los creadores del blog de viajes Próxima Parada La Luna 

Que se me cae la baba...
Un madrileño y una venezolana recorren el mundo y lo cuentan en su blog

Briamel González Zambrano

Cuando llego a su casa de la sierra de Galapagar (Madrid) veo a Antonio Zamora en la ventana de su cocina con harina entre las manos para dar forma a una mini-arepa, de las muchas que va a meter al horno. Él es madrileño y su mujer Beatriz López, venezolana. Ambos nos reciben (a mi novio y a mí) a mesa puesta, con jamón serrano, nata, varios tipos de queso, cachapas, tequeños y una tortilla de patatas casera.

De pronto nos sentimos como en el programa televisivo de Bertín Osborne «Mi casa es la tuya», donde visitan los hogares de las celebridades, comen manjares variados, repasan las biografías de los invitados y se ríen a carcajadas. Hemos quedado para una entrevista sobre qué significa ser un binomio multicultural, para que cuenten su historia.

La última vez que los vi estábamos en el concierto de Karina en Madrid hace unos meses. Yo los divisé a los lejos y no los pude saludar entre la multitud, pero observé en una parte del recital que él tarareaba las canciones. Beatriz me aclaró en aquél momento por teléfono: «Me quedé loca porque se sabía ‘Mi vida eres tú’ de Ruddy La Scala». Yo le respondí: «Es que ese era el tema de la telenovela Cristal que tuvo mucho éxito en España en los ochenta». Reímos.

El chispazo inicial entre Beatriz y Antonio se remonta al año 2004 donde coincidieron en una parada de “El Camino de Santiago”, una ruta que los marcaría para siempre. Ella había venido desde Venezuela sola para hacer el recorrido. Él era peregrino por sexta vez en esa ocasión. Se cruzaron, conversaron de forma casual, pero ella tenía novio y él acababa de salir de una relación muy larga.

.-¿Cómo fue ese primer encuentro? ¿Hubo química?

Antonio: «A mí me había gustado desde el primer momento, vi algo especial, pero ella había dicho que tenía novio. Yo eso lo quise respetar».

Beatriz: (risas) «A mí me había parecido majete desde el principio. Le gustaba la misma música que a mí y tenía mucha conversación. Yo hubiera querido que me diera una señal mínima, que aunque sea me tomara de la mano, pero no pasó. Así que seguí mi rumbo».

Intercambiaron dirección de correo postal y electrónico. Ella volvió a su país, donde estudió Idiomas y trabajaba como profesora de italiano. La relación con su novio caraqueño terminó. Al poco tiempo, Antonio se fue a vivir a Cracovia con una novia polaca.

Pasaron los años. Antonio y Bea se intercambiaron cartas, (sí, cartas en papel) de forma espaciada. Ella en 2008, alentada por la casi siempre tensa situación venezolana, se fue a estudiar un máster en la Universidad de Pisa.

.-¿En qué momento  retomaron el contacto?

Beatriz: «En otoño de 2009, cuando estaba por terminar su postgrado, él me escribió un comentario en una foto de Facebook que decía: “La sonrisa que mueve al mundo”. Yo pensé: «¿Qué le pasa a este tipo? ¿No y que está feliz con su polaca?”. Pues resulta que habían terminado, claro.  Retomamos el contacto por messenger. Fue como mágico. ¡En ese primer reencuentro hablamos doce horas a través del ordenador! ¡Fue una conexión impresionante!».

Antonio: «No solo fue ponernos al día de todo el tiempo que pasamos sin hablar. Fue también conversar de temas muy profundos. ¡Imagínate estar hablando desde las 8 de la tarde hasta las 8 de la mañana!  Fue frenético. Le prometí visitarla en Pisa».

Camino 2017 - Vacaciones

.-¿Y fuiste?

Beatriz: «Yo me le adelanté porque antes de ir a Pisa, él iba a hacer, una vez más, El Camino de Santiago. Hablé con sus amigos para darle una sorpresa cuando terminara el recorrido. Me planté en la Plaza del Obradoiro frente a la Catedral de Santiago a esperarlo. Yo no sabía qué pasaría al vernos. Tenía el corazón a mil. Llevábamos un par de meses hablando a diario, pero sin la parte física. Estaba muy nerviosa. Cuando nos vimos, nos abrazamos mucho»

Antonio: «Fue muy intenso. Muy bonito. ¡Cuéntale lo del anillo, Bea!»

Beatriz. «¡Ay, por favor! (risas) Es que un paseo por esos días por Santiago, él me puso un anillo de alambre y me pidió que nos casáramos, pero yo no le dí importancia, me pareció que era parte de la euforia del momento. Así que solo sonreí y continuamos andando. Suena un poco mal por mi parte, pero así pasó».

La vida juntos

Antonio cumplió su promesa de la visita a Pisa y al poco tiempo ella recogió todas sus pertenencias y volvió a Venezuela para decir a su familia que se iría a vivir a España con un cibernovio. Sus padres no daban crédito a la noticia, no creían que su hija pequeña se marcharía a la aventura, pero así fue.

Desde diciembre de 2009 Bea y Antonio viven juntos. Ella llegó solo con 500 € que eran sus ahorros.  En una primera etapa de tres años residieron en Burgos, donde él trabajaba en una gasolinera en la que ella terminaría atendiendo la barra poco tiempo después. En 2012 se trasladaron a Madrid y desde 2015 viven en su casa de la sierra donde los visitamos.

.-¿Qué tal fue la adaptación de pareja y de vivir en Burgos?

Beatriz. «La época de Burgos fue difícil, de gran aprendizaje y mucho frío.  De aprender mucho de este país, de sus costumbres, de sus códigos, del pensamiento. Lo mismo atendía a un pastor que me hablaba de sus ovejas, que a un agricultor que me contaba de su cosecha o unas prostitutas de los club de alterne cercanos a la gasolinera. Me curtí mucho en esa etapa. No nos faltaba nada, pero teníamos un presupuesto limitado y aprendes a valorar el dinero y todo lo que consigues.

Antonio es un cielo y una persona muy paciente. Nos ajustamos rápido. Yo en ese tiempo me quité las tonterías de ver las marcas de detergente, de cremas, de cada cosa que compras, algo que es muy venezolano. Asumí que si no son de marcas no tienen que ser malos productos. Crecí mucho. Miro atrás y pienso en ese aprendizaje. A veces veo a paisanos recién llegados que están en su burbuja venezolana y me parece que se están perdiendo una oportunidad maravillosa de conocer este país y a su gente».

Antonio: «Aunque soy madrileño, la ciudad me asfixia, me gusta lo rural. Yo me encontraba bien lejos del asfalto, pero ella estaba en un entorno ajeno».

Beatriz:  Ay, tan bello. Cuando llegué a Burgos me recibió con unas flores y había puesto una bandera de Venezuela grande en el salón. Una belleza.

Antonio. ¡Hombre! Era lo mínimo. No iba a tener el clima de su tierra, por lo menos quise darle ese detalle.

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La pareja en una excursión en Tenerife

.-¿Y cómo arreglaste tus papeles como extranjera o desciendes de familia europea?

Beatriz. «¡Qué va! Soy venezolana por todos lados. Cuando  llevábamos pocos  meses en Burgos llegó el momento de revisar qué hacer para tener mi documentación en regla. Estábamos en el estacionamiento del supermercado. Yo le dije que se me iba a vencer mi estancia de turista y que nos teníamos que casar. ¡Así de romántica fue nuestra pedida! (risas)».

Antonio. (risas) «¡Pero que conste que yo ya se lo había pedido con mi anillo de alambres en Santiago! Ahora en serio, para mí la diferencia entre vivir juntos y estar casados es una firma. Así que no vi ningún problema y nos casamos».

El balance de una década

El próximo mes de abril la pareja celebrará su décimo aniversario de matrimonio. Su balance de esta década juntos es muy positivo. Ella lo resume en que: “Él es más venezolano y yo más española”. Una afirmación que parece cierta porque él trabaja en las oficinas de la cadena Goiko Grill con 90 venezolanos y tiene muchos modismos y un poco de cadencia caraqueña en su acento. Ella labora en una agencia de viajes española, habla de «vosotros» y utiliza jerga madrileña.

Él trabajó en la cocina del restaurante La Cuchara y sabe preparar carne mechada, arepas (con las que nos recibió) y tequeños. Ella lo llama por teléfono para pedirle que le explique las formas de preparación. Se ríen al contar cómo se han compenetrado y solo ven ventajas en ser una pareja multicultural.

.-¿En qué sienten la diferencia de provenir de diferentes países?

Beatriz: «Tenemos muchas anécdotas idiomáticas. El día de nuestra boda le dije que recogiera los peroles, pasara el coleto y buscara algo en el gabinete. Se quedó viéndome y me dijo que no había entendido ni una palabra» (risas).

Antonio: «Nos reímos mucho y nos gustan las mismas cosas, es parte de la clave de llevarnos tan bien. Ella es muy habladora, de expresarlo todo. Yo soy más reservado, muy clásico en ese sentido, pero con los años y con la convivencia me he ido soltando.
Yo le cuento cosas de España que ella no sabe y al revés».

.-¿Y en sus familias cómo se tomaron esta historia de amor?

Beatriz. «La mía no se lo creía al principio, pero cuando lo aceptaron todo fluyó bien. Ahora, si un hijo mío me dice que se va a casar con una chica con la que retomó el contacto hace poco, me da algo. Cuando a sus padres les dijimos que nos íbamos a casar dijeron: «¿Era eso? Pensábamos que estábais embarazados» (risas).

Antonio. «Ya mis padres estaban curados de espanto. Yo me había ido antes con una pareja polaca. Así que se fiaban de mi criterio y a Bea la recibieron con mucho cariño».

Trotamundos a bordo

Además de Idiomas (especialidad en inglés e italiano), Beatriz estudió marketing de viajes y uno de los hobbies que más disfruta la pareja es viajar alrededor del mundo. Han perdido la cuenta de los países y ciudades que han visitado. Para reflejar esas aventuras y recorridos Bea  fundó en 2014 el blog ”Próxima Parada La Luna”, una bitácora donde el lector puede encontrar los relatos en destinos de América, África, Asia y Europa. Todo contado con detalle y desde la experiencia de un dúo viajero y observador. Antonio se ocupa de narrar los destinos que tengan historia y misterio.

.-¿Para qué os sirve el blog?

Beatriz: «Siempre quise ser periodista y contar historias a la gente. El blog me ha funcionado para eso, para mostrar sitios, ciudades, realidades distintas. Eso  me ha dado visibilidad, me ha abierto puertas.  Además tengo una sección llamada Venezuela en Madrid donde cuento los eventos de mis paisanos en la ciudad. Gracias al blog pertenezco a una asociación de periodistas venezolanos. De alguna manera me ha permitido cumplir mi sueño».

Antonio:  «A mí me encanta la Historia y también el misterio. Elijo rutas o destinos que tengan estos dos elementos y allí los cuentos. Somos muchos los frikis de estos temas».(risas)

.-¿Qué destinos os han impresionado más?

Beatriz: «Los tenemos claros: Islandia, Eslovenia y Canaima en Venezuela».

Antonio: «Para mí, Canaima fue como una revelación. Algo me recorrió por las venas. Te lo digo en serio. Es un lugar con una energía y una magia enorme. Creo que en otra vida fui pemón».

Pedida de mano en condiciones - Islandia 2019

La próxima parada no es la luna sino Nueva York, a donde se irán en marzo para  ver la primavera en esta ciudad. Sus próximos proyectos implican dedicarle más tiempo al blog porque dicen que quedan muchos viajes  que aún no han contado.

Para cerrar nuestro encuentro, Antonio saca unas palmeritas de chocolate hechas por él mismo y  ambos nos dejan abierta la invitación a su idílica casa en la montaña.

Madrileño en Canaima - 2013
Antonio y Bea en Canaima en el año 2013

Entrevistas

Carleth Keys: Una venezolana de Nueva York a Madrid y viceversa

La periodista nos cuenta las diferencias que ha visto entre ser inmigrante en Estados Unidos y en España.

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Carleth Keys trabajó con ancla del telediario de NY1 en Nueva York

Briamel González Zambrano

Carleth Keys se fue de Venezuela en 1999. No porque Hugo Chávez tomara el poder ese año, sino por amor. Un novio estadounidense que había conocido por internet y al que había visto en persona pocas veces la flechó de tal manera que apenas terminó la carrera se marchó a Tampa (Florida) y se casaron. Ella abandonó su vida de reportera de la sección de Tecnología en el diario “El Nacional” en Caracas. Muy atrás quedaron sus días acelerados entre la redacción, hacer su curso de inglés en el Centro Venezolano Americano (CVA), ir a sus clases de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello y luego ir en transporte público a su casa en la otra punta de la ciudad.

Su primer trabajo en Florida fue en una fábrica de chorizo, mientras buscaba con ahínco alguna oferta laboral como periodista. La oportunidad le llegó y se alejó del olor a embutido. Para su sorpresa, pasó a estar frente a las cámaras de “Bays News 9 en español”, un canal que ya no existe, pero donde aprendió cómo moverse, leer las noticias, hacer las pausas, sonreír y estar seria frente a un telediario.

.-¿Qué tal el cambio de periodismo impreso a la televisión?

.-“Yo no sabía nada de televisión. Ni era algo que yo quisiera hacer, pero fue el trabajo que conseguí y me cambió la vida. Al principio fue raro, pero tuve grandes maestros que se tomaron el tiempo de sentarse conmigo con mucha paciencia y enseñarme cómo funcionaba todo”, dice Carleth mientras conversamos en un gélido día de enero en su piso de Madrid.

Sus siete años en Florida fueron de mucha integración con el país. En Tampa no tenía latinos en su entorno y en ese época estrechó amistades con personas locales, por lo que trabajó mucho en perfeccionar su acento en inglés. En esa etapa además adquirió la nacionalidad estadounidense, de la que se siente muy orgullosa y agradecida porque cree que la cultura del esfuerzo y el mérito propio se premia en Estados Unidos.

En 2007 su matrimonio terminó y decidió buscar trabajo en Nueva York. Otra vez dejaba todo atrás para recomenzar. Sin contactos, sin amigos ni familia. Fue a una entrevista y a las pocas semanas le dieron el puesto en “NY1 Noticias”.

.-¿Cómo fue ese nuevo comienzo?

.-“Con mucho nervio porque no conocía a nadie, pero con mucha ilusión y ganas. Fue lo mejor que pude hacer. Los primeros días llamé por teléfono al Ayuntamiento para presentarme porque cubriría esa fuente. La persona que me atendió me preguntó de dónde era y le dije que venezolana. Entonces me comentó que había una paisana en la oficina de prensa. Me la presentó y ella ese mismo día me dijo que si quería ir a una fiesta, que me presentaría a mucha gente. Todas las personas que conocí esa noche son mis entrañables amigos de Nueva York.

Es una ciudad de inmigrantes, donde nadie tiene a su círculo familiar cerca. Entonces aprendes rápido que tus amistades se convierten en tu familia. Con ellos pasas los Días de Acción de Gracias, navidades y fechas importantes. Ellos son tus afectos más cercanos”, comenta.

En la Gran Manzana tuvo una etapa de trabajo frenético. Admite que se volvió workaholic. Además “NY1” también se hizo colaboradora de “Yahoo Moda”, que la llevó a alfombras rojas para entrevistas estrellas de Hollywood y grandes diseñadores.

“Yo no paraba. Trabajaba 24/7 sin descanso. Una vez mis amigos me prepararon una fiesta sorpresa por mi cumpleaños y no llegué porque un avión había caído sobre el río Hudson y yo lo estaba retransmitiendo en directo, porque además se veía desde las ventanas del canal. Así era mi vida de reportera. Yo vivía por y para las noticias: Elecciones, visitas del Papa, moda, estrenos de cine. Al final esa ciudad es la capital del mundo y todo pasa allí”.

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Y en Nueva York llegó de nuevo el amor.  Se enamoró de un español que se convirtió en su actual esposo y que en 2014, cuando nació su primer hijo, le hizo una propuesta. “Vinimos a Madrid a que yo pasara la baja de maternidad. Al volver a Nueva York, tendría en el canal un mejor cargo y mejores condiciones que había negociado mi agente antes de mi embarazo, pero nunca volví.  Decidimos quedarnos en España para que el niño estuviera cerca de sus abuelos, que creciera rodeado de familia. Renuncié por teléfono. Dije que me quedaba en España para ser mamá. Lloré mucho. Sentía que era un suicido profesional”, recuerda.

.- ¿Qué cambio sentiste en 2014 al convertirte en inmigrante  en España?

.-“Un cambio de velocidad total. Aquí las cosas ocurren a otro ritmo, mucho más pausado. La vida es más desacelerada. Al principio eso me costó mucho. Yo quería las cosas para ayer y eso no se podía. Es otra sociedad. El madrileño quiere además su tapa, su caña, ir de marcha, pero no te invita a su casa ni te presenta a su familia inmediatamente. Se reserva ese espacio, lo cuida mucho. No como los latinos que en seguida queremos integrar a nuestros amigos a nuestro entorno familiar, que nos parece lo más natural.

Me costó hacerme a Madrid por eso. Mis amigos de aquí al final son un circulo de expatriados también. Gente de Estados Unidos y hasta Japón. Mi suegra es estadounidense. Lleva 50 años viviendo en España y sus amigos son de otras partes del mundo”.

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Carleth en su faceta de corredora

.-¿Entonces sientes que no te integraste del todo a España?

.-“Sí, lo conseguí, pero me tomó un tiempo. Empecé a correr como una forma de entrenamiento y así he conocido mucha gente. Cuando tienes hijos también amplías el círculo, pero es un proceso más lento. Sin embargo, a día de hoy estoy enamorada de Madrid, de España y de toda la cultura.

Me gusta mucho este país. Aunque en la parte laboral no tuve lo que quise, que era trabajar en la tele. En los canales no hay diversidad, de momento. Si ves las noticias en Estados Unidos hay negros, chinos,árabes, indios, latinos. Aquí no funciona así. Te dicen que hay diversidad porque la chica del tiempo es de Canarias, por ejemplo, pero la realidad es que no hay esa cultura.

Si volviera a trabajar en unos años me plantearía hacer algo propio y detrás de las cámaras. He descubierto que hacer documentales, por ejemplo, me gusta mucho. Ahora mismo lo hago como un hobby y me encanta».

.-Has vuelto a Nueva York hace cinco meses porque el trabajo de tu marido lo envió de nuevo para allá. ¿Qué tal el reencuentro con la “Big City”?

.-(Risas) La sigo queriendo. Sin embargo, ahora tengo dos hijos así que no la puedo vivir con la intensidad de antes. Con los niños las prioridades cambian y echo mucho de menos mi vida pausada de Madrid. La gente en Nueva York vive para el trabajo y yo ya no estoy en ese punto. En Nueva York sigo corriendo y es algo que disfruto mucho, además de mi trabajo de madre que es el más exigente que he tenido.

El tema es que en España se aprecia el gusto de la vida. En Estados Unidos se vive para el trabajo. Veo a mis amigos inmersos del todo en sus trabajos, perdiéndose ver a sus niños crecer porque no les da tiempo de nada. No es lo que quiero para mí.

Es curioso, pero con  lo que me costó adaptarme a España, a mi vida tranquila, ahora mi mayor ilusión es volver a Madrid. Supongo que pasaremos unos años aquí y luego ya se verá. La vida está llena de sorpresas”.

Por lo pronto, volverá a Madrid en abril para correr la maratón y disfrutar de la primavera.

Mas información sobre Carleth en https://www.carlethkeys.com/

Instagram: https://www.instagram.com/carlethkeys/

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La familia de Carleth al completo.