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Cédula de Identidad. Breve muestra de un país

Briamel González Zambrano

¿Alguien se acuerda del actor Orangel Delfín?  ¿Qué hace la hija del bolerista Felipe Pirela? ¿Qué pasó la noche en que una bala entró en la cabeza del cantante Onechot en Caracas? ¿Cómo empezó el grupo musical Sentimiento Muerto? ¿Cómo piensa una miliciana chavista? ¿Cómo fue el cortejo fúnebre de Hugo Chávez  de unos motorizados?  ¿Cómo transcurren los días en la morgue de Bello Monte?  En el libro “Cédula de Identidad. Crónicas de Venezuela” (Editorial  La Guaya, 2014)  la mirada del periodista y escritor Doménico Chiappe atravesó estos temas y dibujó escenas que producen asombro, empatía, congojo, encono, nostalgia y sonrisa.

El autor hizo una compilación de sus trabajos realizados en medios venezolanos entre 1995 y 2014. En estos textos nos entrega una aproximación al país desde temas políticos, sociales,  financieros, de la farándula  y del deporte.  Estas notas reúnen un mosaico de cómo es (y cómo ha sido)  la sociedad venezolana a través de casos que han ocupado los grandes titulares en los periódicos y también los episodios o personajes que aparecen en las letras pequeñas de los diarios.

A Doménico lo conozco desde hace catorce años cuando coincidimos en la redacción de TalCual. Él era el jefe de Economía y yo era la pasante de Política. Desde esa época lo recuerdo con su hablar pausado y con un toque didáctico. “¿Qué pasóooo, guayanesa?” , me saludaba a veces y soltaba una risa amplia que aún conserva.  Pasados los años, hemos coincidido viviendo en Madrid y lo he entrevistado por su novela “ Tiempo de encierro” (Editorial Lengua de trapo, 2013).

En “Cédula de identidad” Doménico disecciona historias que a casi cualquier venezolano le interesa conocer y en las que se pueden sentir un tono, una fuerza y un sabor inequívoco a Venezuela.

He ido leyendo el libro mientras camino por Madrid y varias veces se me han acercado desconocidos para preguntarme dónde comprarlo. Desde luego, cada vez somos más venezolanos por aquí y quieren saber de qué va esta “Cédula”.  Les dejo la invitación a que compren el libro, lo pidan prestado, lo busquen. Está en las grandes cadenas de librerías de Venezuela y en Madrid se encuentra en La Fábrica (calle Alameda, 9).

 

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Sueños de cárcel

Briamel González Zambrano

Esta semana hubo una noticia inédita en España. Cincuenta personas han sido imputadas como resultado de la investigación de la  “Operación Púnica”, que involucra a empresarios y políticos en una trama de corrupción administrativa y que ha develado  lindezas como noches de póker con prostitutas, coimas, paseíllos en helicóptero, viajes para cazar, sobornos, blanqueo de capitales, contratos sin licitación y todo con el dinero público, el de los ciudadanos, el de los contribuyentes.  En esta macolla millonaria hay representantes del Partido Popular,  el Partido Socialista Obrero Español, entre otros. Algunos alcaldes han sido apresados y han pasado sus primeras noches en calabozos. Ya empiezan a pagar fianzas de miles de euros.

En medio de los titulares y de la adrenalina que veo en mis compañeros periodistas, mi cabeza empieza a dar vueltas y, cómo no, a pensar en Venezuela.  Imagino que un día cualquiera a un conjunto de jueces le da por hacer justicia y, mira tú,  la fiscalía empieza a investigar.  Aparece una lista de, digamos, 100 imputados.  Estarían funcionarios y empresarios corruptos y muchas pruebas para demostrarlo. Nada de cacería de brujas, nada de “vas preso porque me da la gana”.

En la lista estarían escritos los nombres de esa gente que hemos visto enriquecerse impúdicamente con el dinero de la nación: mafiosos de Cadivi, bolichicos, militares encamionetados que sobornan, alcaldes cuyas irregularidades no pueden tapar ni sus madres y que la prensa ha denunciado incansablemente, gobernadores y ex gobernadores que actúan como líderes de bandas delictivas, funcionarios de rangos medios y altos que hoy son millonarios en dólares, empresarios enchufados, e incluso el muchacho bocazas que puede ser tu vecino, el marido de una prima lejana, o un conocido que trabaja para el gobierno y que dice a todo gañote que se compró una casa en la zona más cara de Florida (Estados Unidos)  de contado porque el crédito no es con él, que para algo está “robando a placer” (las comillas las pongo porque he oído esa frase).  Pues eso, todos en la lista, todos a pasar la noche en el calabozo y a enfrentar a una justicia que no esté amañada y que tenga pruebas contundentes de sus delitos. Todos sin conseguir pasaje ni poder fugarse en ningún avión de PDVSA ni de ninguna aerolínea.

Hago este ejercicio pensando en la Venezuela y los venezolanos decentes. Los que no nos hemos robado un céntimo, los que sabemos qué es hacer una cola en el SENIAT, en las oficinas de Cancillería, en la Notaría, en el Registro Civil y más recientemente para comprar lo más básico.  Pienso  en un alto porcentaje de gente trabajadora que lo que quiere es que las cosas mejoren, que lo público sea de todos y no de quien le apetece robárselo. Pienso en quienes respetan el semáforo (de día, porque de noche hay que salvar la vida), quienes respetan el paso de cebra. Pienso en quienes no se colean en el banco. Para toda esa gente, ver la lista y a los imputados desfilando al calabozo, ver que la justicia funciona, a lo mejor sería un bálsamo. En fin.

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Historias de paisanos

Briamel González Zambrano

 

Apenas estaba entrando al consultorio y me respondió los buenos días. “Buena señal», me dije.  Ya tenía una hora en el centro médico, me habían hecho dos pruebas y el personal sanitario (a lo mejor agobiado por el tema del ébola) casi ni me había mirado a los ojos. Luego del saludo cordial vio mi historia clínica, la radiografía de la mano y empezó a explicarme por qué se forma el ganglión que tengo en la muñeca y sus consecuencias. Me hizo un dibujo medio de preescolar, pero bastante entendible. Dejó que le explicara desde cuándo lo tengo, que me duele, que a veces crece como una ciruela de huesito y otras veces casi desaparece. Que a mi novio le da una enorme grima y a veces lo persigo por toda la casa mostrándole la pelota que sale de mi articulación (bueno, creo que esto no se lo conté al doctor, pero ya se los digo por aquí a los lectores de La Rorra jiji).

Después ve mi identificación y me dice: “¿Venezolana, no?  Como yo”. La verdad es que estaba tan preocupada por lo de la mano que ni me había fijado en ello. Entonces me embalé y le dije que soy de Puerto Ordaz , pero que estudié en Caracas. Lo medio entrevisté soterradamente. Me dijo que es de Maturín, pero estudió en la UCV.  Que lleva 8 años en España.  Empezó a escribir el informe. Al terminar dijo: “Puff, que caloooooorr hace en Puerto Ordaz. Fui una vez, la pasamos buenísimo, fuimos al río, pero yo nunca había sentido nada igual”. Y yo con tono de orgullo regional herido le dije: “Bueno tampoco es  que Maturín es Nueva York, ¿no? Que mis padres son de Monagas y me conozco el estado completo”. Reímos los dos. Hablamos de que en Caracas se nos matizaron un poco nuestros acentos de provincia, pero que apenas tocamos terruño se nos dispara el cantadito respectivo.

Me gusta conocer por casualidad a paisanos y ver además que están haciendo  bien su trabajo. Por cierto, falta ver si me operan. Eso ya se los contaré en otro post.

PS: ¿ Vives en el exterior y tienes una historia de casualidad con un paisano? ¡Anímate y cuéntamela!

En la sala de espera. Antes de entrar a consulta

 

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Y otra vez la muerte…

Briamel González Zambrano

 

Iba caminando con un compañero de trabajo muy cerca de la oficina la semana pasada. De repente vimos a muchos policías en una calle muy transitada. Él pensó que se trataba de un control de alcoholemia, pero eran las 8 am en un polígono industrial madrileño, así que su versión a mí no me cuadró. Al acercarnos, observamos que había una parte acordonada por cinta amarilla y en el suelo un cuerpo sin vida cubierto totalmente con una suerte de papel de aluminio dorado y a pocos metros una moto destrozada.  Quise caminar para hablar con la policía. Mi compañero, a quien se le han muerto varios  amigos en accidentes de moto, aligeró el paso. Me dijo:“Yo esto no lo puedo ni ver”. Y yo queriendo saber más, la edad, ocupación, el motivo del siniestro, se me salió lo reportera por unos segundos, pero seguí andando a mi trabajo.

Al día siguiente el poste cercano al accidente estaba lleno de ramos de flores e incluso vi colgado un casco de motorista que, aún hoy una semana después, permanece en el lugar junto con rosas y dedicatorias (ver foto). Aquello me llamó la atención. Me pareció muy curioso. Tuve un pensamiento ilógico, inútil, casi macabro: “Si en Venezuela cada lugar de un accidente de moto o de un asesinato estuviera lleno de flores (como en efecto pasa en muchas carreteras) …No habría suficientes caléndulas para quienes pasan por todas las morgues del país. Habría auténticas ciudades-jardin”,  me dije. Ya sé que imaginar aquello fue un ejercicio ilógico, pero eran las 8 am y no había desayunado y me sorprendió esa estampa de las margaritas para el motorizado.

Hoy Venezuela está conmocionada por la muerte de un joven diputado asesinado en su casa con 36 puñaladas, según los reportes. Otras 5 le dieron a su compañera. Un crimen horrendo, monstruoso, turbio. El poder promete justicia. Los venezolanos (los que viven allí y los que nos hemos ido)  la queremos, pero nos seguimos preguntando cuándo llegará.  El derecho a la vida, el fundamental, se vulnera con impunidad. He vuelto a pensar en las flores. El dolor de todas las madres que vi llorando en las morgues cuando me tocó ir. Todas las familias que quedan mutiladas. Un daño irreversible. Incurable. Ninguna ofrenda, ni todos los lirios, crisantemos, gladiolos o azucenas podrán sanar tanto sufrimiento.

Lo he dicho otras veces. No quiero seguir explicando cómo es eso que en mi país asesinan a un parlamentario y a su mujer dentro de su casa, o a una actriz en una carretera, o al hijo del zapatero que van en el autobús y no quiso entregar su teléfono a los ladrones. Esto tiene que parar por el bien de todos y no quedarse en promesas electorales, ni planes de seguridad con nombres cursis y rimbombantes. Que pare. Que pare ya para que los padres puedan dormir tranquilos y para que la caída de la tarde no sea una alerta de que debes estar en casa y que a lo mejor ahí tampoco estarás a salvo.

 

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Otras 5 cosas que te pasarán si acabas de migrar

Briamel González Zambrano

 

Mi comadre Andrea Daza ha escrito en su blog el post: “5 cosas que te pasarán si acabas de migrar” y me ha invitado a que por favor diera mi versión. Aquí se las dejo. No tienen que cumplirse las 5, pero alguna por lo menos.

1.-Harás trámites. Dependiendo de la burocracia que te toque, esto puede ser una maratón. Conocerás todas las oficinas de Extranjería de la ciudad. Aprenderás de leyes y plazos. Tendrás una carpeta llena de papeles con fotocopias de: tu cédula de identidad, tu pasaporte, foto carnet (con cara de: “me levanté muy temprano para esto. Soy más bonita, lo juro”), partida de nacimiento, tarjetas bancarias y afines. Una noticia: esa carpeta te puede acompañar muchos años. No adelgaza la muy muérgana. La mía casi habla ya y me dice: “Hasta que tengas la nacionalidad, a mí no me puedes tirar a la basura, lero, lero”.

2.-Tu peso variará. Puedes engordar o adelgazar, pero un cambio habrá. En mi caso, adelgacé ocho kilos los primeros dos meses. Es decir, me quedé en el chasis.  Estaba comiendo como siempre, pero algo había cambiado: empecé a caminar. Ya no estaba horas frente al volante en una tranca  sino que caminaba de un lado a otro. La ropa se me caía, pero tranquilos. Han pasado casi cinco años. Ya los he recuperado (con creces, jiji).

3.- Si te vas a un país donde hay cambios de estaciones comprarás ropa de frío. Ya no te vale lo que te prestaban cuando ibas de turista. Yo llegué en pleno invierno. Lo primero que compré fue el abrigo y las botas. Te da pereza ponerte tanta cosa para salir. Luego llegar a un bar y tener que quitarte la mitad. Para irte a tu casa, ooootra vez a ponerse guantes, gorro, bufanda. Yo decía: “¡Ya vamos con el striptease!”. (Aún no me acostumbro).

4.-  Aprenderás el valor del dinero. Cuando vas de turista todo tiene el encanto de “Ta’ barato dame dos”. Dices: “Compra eso que cuesta 3 euros, chica.” o: “Mira, un pasaje en Ave a noventa euros, dale”. Ahora vives en esa ciudad y la situación es otra. Has llegado para vivir ahí. Así que cada dólar, peso, euro, cuenta. Lo de comer en la calle todos los días (como hacía en Caracas) se acabó, mi linda. A cocinar (¡Oh no!). Aprenderás además que en otros lugares la electricidad es costosa, que no debes dejar encendidas las luces y bueno, de la gasolina ya les hablaré en otro post, pero como ya saben, vale un ojo de la cara, así que nada de taxis a cada rato.

5.- Viajarás.  Pese al punto anterior, viajarás. Si llegas a otro país como estudiante y en plan exploratorio (como una gran cantidad de venezolanos) piensas que a lo mejor en un año estás de vuelta en casa y que es mejor conocer un poquito. Si tus amigos de la universidad son de un pueblo pequeñito y te invitan a su fiesta tú vas, porque es un viaje, es turismo y oportunidad de conocer.  La mínima ocasión es idónea para salir. Si te has ido a Europa, ese primer año mínimo vas a París, Roma o Londres. Siempre hay un venezolano que te puede invitar a su sofá-cama de Ikea. Además te volverás  experto en líneas de bajo coste y sus ofertas.

Ps: Aquí está la versión de Andrea Daza, la azotacalles

 

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Historias de reconversión

Briamel González Zambrano

 

¿Conoces a gente que tiene un trabajo estupendo, con un salario envidiable y a la que le gustaría salir corriendo para hacer otra cosa? Irse a vender artesanía en la playa, irse de safari a África y no volver nunca a la civilización, hacer un casting para una película en Hollywood, grabar un disco con las canciones que grita bajo la ducha. El caso contrario es más común. Personas que se están comiendo un cable, pero que sueñan, permanentemente sueñan con ser protagonistas, con inventar algo que cambie el rumbo de la humanidad, o con ser un chef tan famoso que la gente haga colas para ir a su restaurante.

Cuando eres inmigrante la caja de sueños viene en la maleta muy repleta. La abres y la tienes ahí como una estampita de la Virgen del Valle. Puedes contar con suerte y llegar a ese otro país y hacer lo que te gusta. Si eso no ocurre, oficios varios te eligen a ti y los haces mientras vas pensando en eso que has traído en la valija, en tu meta. Esto hace el viaje diverso, divertido, rudo y enriquecedor. Incluso puede pasar que en esos “trabajos de supervivencia” te das cuenta de que esa es tu verdadera pasión y te dedicas a ello.

De ese tipo de historias va la conferencia Activa tu inspiración.  “Escucha tu voz interna, tus ideas, planifica y lucha por hacer lo que te realmente quieres ser ”. Más o menos así se puede resumir la hora de charla dictada por quien fue la voz de radio y televisión, esa que acompañó a muchos durante los 80 y 90 en las colas de Caracas: Eli Bravo.El periodista y locutor venezolano visitó esta semana Madrid invitado por el Venezuelan Business Club, (una asociación con la que colaboro estrechamente y de que le me siento parte). Bravo habló sobre cambios en la manera de vivir ante una sala llena de compatriotas y españoles expectantes. Relató su travesía solitaria en barco por el Caribe durante cinco meses luego de un despido laboral y un divorcio. Un periplo que le dejó aprendizaje y que se convirtió además en un libro: Una ola tras otra.

 

Bravo, quien se fue de Venezuela en 1997, explicó entre fotografías  y razones científicas por qué los seres humanos cambiamos nuestro estado de ánimo, biorritmo y hasta mejoramos la salud cuando hacemos algo que inequívocamente nos apetece y disfrutamos. Puso como ejemplos a deportistas, artistas, cantantes que pueden pasar muchas horas dedicados a sus labores y no notan el paso del tiempo mientras ejecutan esa actividad.

El público asentía. Reía. Incluso a alguna vi con el dedo índice sobre la línea inferior de las pestañas, con amagos de llanto cómplice, como diciendo: “Yo pasé por ahí. Dejé todo y me vine para acá a luchar por hacer lo que quiero y lo he conseguido”.  Durante su discurso, Bravo era consciente de que estaba diciendo algunas obviedades que nunca viene mal recordar: “Construye, comparte, agradece”. Decía: “Hay cosas que suenan cursis, frases hechas pero que son así”. Muchas cosas sabrosas de la vida tienen un alto porcentaje de cursilería.

Confieso que durante el evento repasé muchas historias de amigos que estudiaron una cosa y ahora hacen otra muy distinta y que les ha dado la felicidad. También pensé en los que están atrapados entre cuentas por pagar y no se escuchan para descubrir su talento. Se empeñan en ser financieros, agentes de bolsa cuando en realidad hacen una pasta de rechupete. Aunque puede combinar las dos cosas, pero no se lo plantean porque piensan que solo Clark Kent puede ser periodista de día y superhéroe en horas extras. Pensé, claro está, en mi caso personal y en cómo he cambiado mis preferencias laborales y de vida, en las veces que he dejado de lado muchas cosas solo por estar escribiendo o leyendo, porque es de lo que más disfruto. En las ideas que he aparcado y las que he ejecutado.

Una amiga muy querida que estudió conmigo en la universidad ha pasado de ser periodista a ser directora de software de una empresa de servicios de salud en Madrid. Ella que no sabía ni minimizar el texto en el ordenador cuando éramos pasantes en un periódico en Venezuela. Ella que cada 27 de junio, día del periodista en nuestro país, lo celebra, pero el 28 también festeja el “día de los reconvertidos”. Porque para cambiar nunca es tarde. Y tú, ¿eres un reconvertid@?PS: A los interesados en el tema de migración: vale mencionar que Eli Bravo es el director ejecutivo de http://www.inspirulina.com y que en esa plataforma están escribiendo historias sobre irse o quedarse en Venezuela. Las pueden buscar en la etiqueta #IrseoQuedarse . Hay relatos muy interesantes.

 

 

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Nuestra voz hermosa, nuestro silbido

Alta traición 
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).
José Emilio Pacheco (poeta mexicano)

Briamel González Zambrano

En las últimas semanas han sucedido un par de cosas relacionadas con La Rorra en el teclado. Nos mencionaron en un trabajo del diario ABC sobre la migración venezolana en España (aquí dejo el  link) y la periodista y bloguera Alicia Hernández, alias Por Puesto, nos respondió un  post. Ella es española y vive en Caracas. En este texto cuenta cómo se adapta a la ciudad, al país, a los dichos, al mototaxi. Ambas cosas me han honrado mucho. ¡Gracias!

 

En el transcurso de los días también ha ocurrido otra cosa muy lamentable. El cantante Yordano ha contado que tiene cáncer y que además en Venezuela no encuentra las medicinas. Es durísimo reconfirmar que aquél se ha convertido en el país del “no hay”. Confieso que esto me afectó porque soy su fan total desde muy pequeña y porque le pone cara a una situación muy penosa y casi criminal: la escasez de medicamentos.

No soy una melómana erudita, no me siento orgullosa de eso, pero así es. Lo mío es bailar y tengo mis referentes claros en ese sentido. Soy una rocola (gramola)  porque mi familia sí que es musical y todos tocan instrumentos, y mi hermana mayor es cantante profesional de ópera, pero yo, nada. Solo memoricé muchas letras, pero tengo una muela careada en cada oído. Cuando me ponía a cantar en reuniones familiares mi padre decía: “Hijita, tú baila, baila. Es que eres sordita. Los de este lado cantamos, ¿sí?”. Y yo, dale que te dale a las caderas.

Será por eso que nunca atravesé océanos ni países, ni trasnoché para comprar una entrada e ir a un concierto de U2, Madonna, Los Rollings  o Roger Waters. No me interesa. Si he visto a alguno de estos ha sido casualidad, nada más. Admiro mucho a mis amigos que sí saben la fecha de los discos, los nombres de las giras y que hacen esas travesías. Pese a esto, nunca me perdí un show de Yordano di Marzo mientras viví en Caracas. Cambiaba las guardias, salía corriendo para el Teresa Carreño o el Trasnocho, incluso abría mi grabador mientras él cantaba (como si no pudiera verlo en youtube). Con mi amigo Arturo siempre hablaba de sus letras así que Yordano (junto con Luis Enrique) forma parte del soundtrack de nuestra amistad.

Un día fue a la redacción de TalCual y el jefe Teodoro gritó: “¡Epale Yordano, pasa para la oficina, chico!”. Yo me giré, lo vi ahí parado con su tremenda estatura y yo sentada frente al ordenador. Lo seguí mirando sin disimulo y sintiéndome muy pequeñita. Creo que él se dio cuenta de mi cara emocionada de veinteañera provinciana y me dijo en tono bajísimo: “¡Buenas!”. Años después, en un concierto que hizo solo para la prensa le dije: «Tú no sabes lo que yo te adoro, chico». Él sonrió y susurró un: “¡gracias!”.

Cuando trabajaba aquí en Madrid en la agencia EFE mi amiga Pilar me veía con los audífonos y me decía: “Por la carita de contenta que tienes parece que estás oyendo al Yordano ese”. Siempre acertaba.  Hablamos con él a través de Twitter para contarle y nos respondió con risas y alegría.  Yo ahora le envío toda la energía positiva. Ya se lo ha dicho mucha gente y me sumo. Quiero un escándalo en sus mejillas. Siempre le agradeceré ese verso mínimo de la canción “Todo el amor”-> “y soy mejor después de ti”.  Suscribo lo dicho por el escritor Juan Carlos Méndez Guédez: “Yordano es nuestra voz hermosa, nuestro silbido, nuestro tarareo en los ascensores. Lo mejor que somos. Un abrazo gigante para él”.

 

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Del dicho al hecho…

Hace como un año me pidieron una nota en la que explicara los dichos, proverbios, adagios y expresiones venezolanas. Al final, cancelaron la solicitud, pero yo ya había pedido a los amigos en las redes sociales que me pasaran sus dichos. Tengo una lista pequeña que uso siempre: «Más concentrado que un cubito (Avecrem)», «Más serio que una urna», «Sabes más que pescao salao», el clásico: «Más agarrao (tacaño) que vieja en moto» y «Más falso que billete de quince».

Entre Oscar Yanes y Guillermo González se encargaron de divulgar muchas de estas expresiones y popularizarlas en televisión venezolana hace décadas. He recuperado la lista de todos los dichos que me enviaron porque son gráficos y  divertidos, además expresan el ingenio popular. Por cierto, en España hay trillones y tengo amigos que hablan con muchísimos y que les pregunto siempre por el significado. He aprendido algunos: «Suenan campanas, pero no sabemos dónde», «Tú fíate de la virgen y no corras», «Ancha es Castilla y estrechas las castellanas», «Más flojo que la chaqueta de un guarda», «Lo tomó por el pito de un sereno», «Te has caído de un guindo», «Te mueves más que la compresa (toalla sanitaria) de una coja», «Llevas más peligro que unos gremlings en el aquaparque» (ese lo dice un amigo andaluz jeje); «O follamos todos o la puta al río», su versión más moderada: «O jugamos todos o rompemos la baraja»

Aquí les dejo los que me pasaron, para una risas de verano. Faltan muchas muy comunes y muy usadas. Las que siguen me las pasaron los amigos. Son bienvenidas las aportaciones:

«Tarde piaste, pajarito»

«A correr piojos…que llegó el peine»

«Alpargata no es zapato ni que le pongan tacón»

«Refresco no le gana a jugo natural ni que lo metan en licuadora»

«¿Qué sabe burro de chiclet bomba?» (ilustra este post en su versión anglosajona)

«Con más hambre que una garrapata en un peluche»

«Vas para el cielo y vas llorando»

«Juegos de manos, juegos de villanos» (dicho materno si te ven jugando con puños con tus hermanos/primos)

«Más fastidiado que un vigilante sin saldo en el teléfono»

«Más fastidioso que un cadillo en un ojo»

«Como caimán en boca e’ caño» (este lo dice mucho mi padre).

«Como cucaracha en baile de gallinas»

«Más perdido que el hijo de Lindbergh»

«Más perdido que tapita de pen drive»

«Eres más peligroso que tiroteo en ascensor»

«Más peligroso que un tetero (biberón) piche (en mal estado)»

«El tipo es como una media: abre la boca y mete la pata»

«Más falso que pistola de mariachi»

«Esto está más solo que entierro de sádico».

«Más unidos que los músicos del Titanic»

«Más falso que chino con afro»

«Más perdido que la madre de El Chavo»

«Más lento que Alka Seltzer en vaso de chicha»

«Más ordinario que pañito de cocina con lentejuelas»

«Más lento que el caballo del malo»

«Más agarrao que mano de trapecista»

«Más aburrido que paseo en aplanadora»

«Más falso que un caimán de Disney World» (zuliano)

«Más pavoso que fumar desnudo»

«Cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo»

«Más ordinario que ataúd con calcomanía»

«Más ordinario que gandola haciendo taxi»

«Más ordinario que pantaleta de fieltro con faralado de gomaespuma»

«Más ordinario que un conquistador sincrónico»

«Morrocoy no sube palo, ni cachicamo se afeita»

«No orinas para que la tierra no chupe».

«Más contento que El Chavo en Acapulco»

«No compro rifa ni me retrato en grupo»

«Mapurite sabe a quien pea»

«Te están buscando como palito e’ romero»

«Muerto: ¿quieres misa?»

«Perro que come manteca mete la lengua en tapara»

«Más casero que dulce de lechosa (papaya)»

«Más enredado que peluca’ de payaso»

«Pides más que Carúpano/Cabimas» (según sea se adapta a oriente o al Zulia).

«Niño que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito»

«No gastes pólvora en zamuro»

«Como gallina que mira sal»

«Más fea que pelea de machetes»

«Pasando más hambre que mujer de policía»

Lectura recomendada -> Venezuelan Sayings

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Llanto a Caracas

Briamel González Zambrano

Psst Caracas, es contigo. El año pasado te lancé por aquí  un cuento de por qué uno cree que no te extraña, pero en verdad sí que se te echa de menos. Lo que te tengo que contar ahora es reciente. De hace dos días. Resulta que fui a ver Azul y no tan Rosa, la película venezolana que ganó el Goya. Me habían invitado al preestreno y a proyecciones privadas y nunca pude ir. Total que el miércoles compré mi entrada en la Casa de América y de lo más contenta vi que en el ordenador de la cajera decía: “Azul y no tan rosa. Coproducción. Venezuela-España”. Yo he visto muchas pelis ahí y nunca había aparecido el nombre de mi país en esa pantalla azul donde uno debe elegir el asiento.

Después de la pequeña emoción inicial que me produjo ver a los actores hablando el mismo español que yo, me fue gustando la estética, el tratamiento del tema, me fui enganchando. Fue un shock ver a un fotógrafo trabajando con rollo y revelando. Es algo que no sé si aún se hace (en periódicos estoy segura de que no), pero para algo está la ficción.

Al margen de la trama, ahí estabas tú. Con un edificio que ubiqué en San Bernardino. Con tu  verdor. Con el miedo que da caminar tus calles por la noche. Con el taxista tracalero y grosero. Con el Teatro Municipal. Y bueno, te lo voy a contar porque cumples años…Hay una toma larga en la que aparece Colinas de Bello Monte, la autopista, los edificios, el edificio donde viví 7 años. Ahí estaba. En pantalla gigante. ¡En Madrid! ¿Me crees si te digo que me puse a llorar en ese instante? Ni el guionista se podría imaginar que alguien iba a chillar viendo aquello. Pues sí, yo misma. Lloré encogiéndome de hombros, con la mano en la boca para disimular y pensando en que mis compañeras de butacas creerían que yo estaba borracha o algo así.

Tampoco es tan difícil que yo llore. Soy de lágrima fácil, pero me puse a pensar por qué ese llantén con unas escenas tan caraqueñas. Hallé la clave. Fui en febrero a Venezuela y no pude subir a verte. Estabas encendida, con protestas, con trancas, con bombas, con GN, con detenidos. Todos me desaconsejaron que subiera a la capital. Una parte de mí siente que no fue, que le faltó algo a ese viaje. Claro, ese algo eres tú. Por eso lloré. Y cuando los personajes tomaron el coche y se metieron por la Autopista Regional del Centro pensé: “Venezuela, qué verde tan potente, pana”. Acto seguido también me dije: “En esa ruta mataron a Mónica Spear hace 6 meses”.

Caracas, chica, te me volviste un llantico ahí en plena película. Menos mal que después entoné las canciones de Melissa: “No soy una señora” y “A punto de caramelo” junto con Hilda Abrahamz. Cayendo esa cédula y las compañeras de butacas dirían: “Esta chica va fatal”.  Esas mismas doñas españolas  aplaudieron junto con la sala al terminar la película. Yo eso nunca lo había visto, me hizo ilusión porque al final estaban aplaudiendo el trabajo de un equipo venezolano.

Bueno te deseo felices 447, ¿oíste?. Me gustaría verte en más películas y sobre todo me gustaría verte en persona a ti y a mis amigos que siguen ahí, sobreviviéndote. 

El peor selfie de la historia. El poster y yo


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Ese verso

Briamel González Zambrano

La película Martín Hache la vi en el Celarg por allá en 1999 durante el Festival de Cine Español. Yo estaba en tercer año de carrera. Me gustó mucho. Me dejó pensando en Argentina, en España, en las crisis. Sin imaginar lo que apenas empezaba en mi propio país.

He tropezado varias veces con retazos de este film. Les voy a dejar uno que siempre me revuelve todo. Les confieso que a veces pienso como el personaje de Juan Diego Botto y a veces como el de  Federico Luppi. Cambien el nombre de Argentina por el de Venezuela durante la intervención del padre. Es un ejercicio interesante. Lo que más me gusta es, claro está, cuando dice: «La patria son tus amigos». Un día me encontré a Botto en el barrio de La Latina, casi le repito esa frase, pero me quedé callada para no incordiar.
Véanlo y a ver qué me cuentan, queridos lectores. Y si ya la conocen, no pasada nada. Una revisada nunca viene mal.