Sin categoría

Himnos

Briamel González Zambrano

¿En qué parte de la memoria quedan registrados los himnos que nos aprendemos en actos patrióticos escolares? Esta mañana empecé a cantar: “Con áureos buriles / tus magnas proezas/ la historia en sus fastos por siempre grabó/ tu suelo es emporio de ingentes riquezas/ tu cielo el más bello que el sol alumbró”. Es la primera estrofa del himno de mi estado natal, sí, el estado Bolívar. Y al descubrirme en estas me reí y me dije: “¿Bria, qué esto, pues? ¡Estás fatal, chama!”. Quiero suponer que es porque leí un texto ayer donde aparecían muchas palabras antiguas, solemnes, igual que las que tiene el cántico regional: “Al trágico encuentro de hirsutos leones/ tus águilas fueron en marcha triunfal/ y el sol de San Félix brilló en tus blasones/y fue desde entonces tu nombre inmortal”.

Una noche en el Club Uruguayo de Caracas salió el tema de estos eventos del colegio con cantos y bailes. Entre risas y cervezas, mis amigos sucumbieron y cada uno entonó el suyo: los himnos de los estados Miranda, Carabobo, Bolívar y Anzoátegui. Yo les conté además que en mi colegio hay un canto al deporte que tiene una frase peculiar: “Y si algún muchacho/ flaquea o decae/ el capitán grita: ¡Viva Loyola! (…) / Fififi Hurra / Fififi Hurraaaaa”. Era muy divertido ver a mis compañeros llenos de sudor en el desfile repitiendo estas onomatopeyas. Bueno y si les cuento que el del colegio dice esta perla: “Por la patria/lucharemos/hasta vencer o morir”. ¿Les suena?

Total que en los recovecos de mi cabecita están todos esos himnos que remiten a la infancia, excursiones y amigos. Está incluido el nacional que, de verdad, no me dice nada y solo me recuerda estar de pie los viernes frente a la bandera en un patio enorme y bajo el látigo del sol de Puerto Ordaz. Alguien dijo esta semana que los himnos se hacen para ver a los futbolistas cantando en el Mundial y que se te erice la piel. Esa puede ser una opción. En el caso de España, el himno no tiene letra,  así que no vemos a los de La Roja hacer el amago de mover los labios.

¿Y tú de qué himno te acuerdas? ¿El del árbol? ¿El de las Américas?  Te los tengo también en mi cerebro. No sé por qué, pero es así. Reconozco que todas esas letras pomposas de batallas y gestas no me sirven para sentir el país en el pecho. En cambio, escuchar a Simón Díaz, o a Guaco, o a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar  y su «Alma Llanera» me conecta rapidito con todo lo que está allí, a 7 mil kilómetros.

Sin categoría

El top 10 del verano para una persona del trópico

Briamel González Zambrano

El hecho de haber crecido en una ciudad donde la media de temperatura de 30 grados no te prepara para el verano en Madrid ni para esa estación, en general.   Se descubren muchas cosas con la llegada del período estival. Aquí  les paso mi top 10.

 

1.- El clima. Ya he descrito el otro post el espantoso calor que se vive en julio y agosto. Tu cuerpo no te responde, se te derriten hasta las chanclas y las pinturas de labios.  Es espantoso.

2.- Las rebajas. A principios de julio empieza una temporada de descuentos. Si te detienes a pensar que será ropa que solo podrás usar dos meses al año…te desinflas, pero alguito compras.

3.-La publicidad. Cambian los anuncios. Ahora todo el mundo aparece en bañador, en playas increíbles, en yates y disfrutando del sol. Ofrecen sistemas de seguridad para las casas que se quedan solas, bronceadores, protectores, gafas y paquetes turísticos.

4.- Los festivales de verano. Las ciudades se llenan de conciertos y cine al aire libre. Es algo para disfrutar a plenitud. Vienen artistas de todas partes y de todos los géneros musicales. Una delicia.

5.- La canción del verano. La típica ñoñez que  no te gusta, pero terminas cantando y bailando sin parar. Pues eso es. Dos meses seguidos escuchándola a cada rato. La que se me viene ahora a la mente es “Colgado en tus manos” , de Carlos Baute y Marta Sánchez. Parecía que era una cadena en todas las emisoras. Desesperante.

6.-Las piscinas. Vas a las de los amigos, a las municipales, a las del polígono deportivo, a las de la universidad. Un poco para pasar un rato y otro tanto para soportar el sopor.

7.-La comida. Resulta que hay que comer ensalada y tomar muchos zumos para hidratarse. Hay comidas para la temporada. Eso nunca lo cumplo ni lo entiendo. De hecho, el verano pasado me comí una ración de callos con mi amiga Pilar y su marido Nacho. ¡Y tan contentos! Una abuela te diría: ·”¿Callos? ¿En agosto? ¿Te quieres morir?”.  Jejeje. Por cierto, aquí añado “las terrazas” que no es otra cosa que sillas y mesas colocadas en el exterior de los establecimientos de hostelería. A mí no me gustan casi nada, soy más de aire acondicionado, pero a la gente le maravilla. En fin.

8.-Los incendios.  Hay una cuerda de ociosos que se dedican a provocar incendios por toda España y es terrible. Zonas que quedan devastadas , personas que pierden su casas,  agricultores sin cosechas y bomberos peleando con las llamas. Una pena muy grande.  Las imágenes se repiten cada verano en el telediario.

9- El sitio de veraneo. Escuchas a tus amigos españoles utilizar el verbo : “veranear”  mientras relatan historias de sus vacaciones . “Es que mi familia veranea en Málaga”, “Siempre hemos veraneado en Galicia” “Desde el verano del 83 vamos a Alicante cada año”.  Yo podría decir que “veraneo” en Cádiz, que es donde viven mis sobris, mi hermana y mi cuñado jeje.

10.- El viajecito. Algo inventas para escapar unos días del vaporón. Con mucho o poco presupuesto huyes un rato. Madrid es otra, se queda medio desierta. Tiene aparcamientos y no le faltan los turistas a punto de desmayo por golpes de calor. Llenas álbumes con esos momentos del verano. Especial recuerdo tengo del recorrido por Italia con mis amigas del postgrado y de Galicia con mi amor.

Sin categoría

Un calor de otro mundo

Briamel González Zambrano

En una semana es la llegada oficial del verano, pero créanme, el calor ya lo cubre todo. Derrite bombones y pinturas de labio. La ropa ya dura solo un par de horas en el tendedero y se queda tiesa, casi planchada.  Como saben,  soy de Puerto Ordaz, una ciudad con temperatura media de 32 grados todo el año y 60% de humedad.  Sin embargo, quien no ha vivido los meses de julio y agosto en Madrid no sabe nada. No ha visto llaga honda, como dicen en el llano.  Es un calor bíblico, infernal. Ni un maracucho ni un guayanés lo pueden soportar con serenidad.

Un profesor de la Complutense me oyó un día de diciembre quejándome del frío y me dijo: “En esta ciudad hay solo dos estaciones: invierno e infierno.  Te acordarás de mí”. No le hice mucho caso. Ingenuamente pensé en mi primer año aquí que podría usar mi ropa de Venezuela durante los meses de calor. ¿Total? En Caracas uno se viste ligero salvo algunos días de enero. Sin embargo, llegó ese primer estío y recordé al profesor.  Nada de ropa venezolana, mija.  A comprar un poquito de indumentaria de telas más frescas, zapatos muy abiertos y adiós a los jeans porque no hay quien se los ponga.

Es un bochorno que agota, que alela, que te secuestra las fuerzas. Madrid tiene la mitad de coches, la mitad de almas, la mitad de casi todo y el triple de temperatura.  La ciudad se paraliza. Hasta los animales del zoo pierden gracia porque los pobres están extenuados del vapor. La Plaza Mayor se vacía. Todo lo importante se  suspende hasta septiembre. Las chicas empiezan a lucir unos pantalones cortísimos, enseñando media nalga en muchos casos. Siempre pienso que con eso no podrían salir a la calle en Venezuela dado el agobio que producen los piropeadores. Aquí van campantes.

Al trabajo también se va con ropa fresca claro. Lo contradictorio es que en las oficinas, en el metro y en las autobuses está puesto el aire acondicionado, que da mucho gusto, pero que te quedas frío al rato. Bajas a la calle y otra vez el vaporón. Así que uno se la pasa en esos extremos. Bebiendo agua y queriendo ducharse 4 veces al día.

Lo que llevo peor son los hedores y los sudores.  Lo primero hasta me puede producir arcadas, tengo testigos. Lo otro llega a términos insólitos. Con este calorón las glándulas sudoríparas trabajan en zonas increíbles. Vamos, que sudas partes que no sabías que sudaban: los codos, las ojeras, las corvas (detrás de las rodillas), los muslos , entre los dedos de los pies y todo a chorros.

Me da risa cuando la gente me dice que por qué me quejo del calor si vengo del Caribe. Y yo respondo: “Aquello es un calor amable, esto para mí es una sensación desconocida,  un calor de otro mundo”.

 

Sin categoría

La monarquía y nosotros

Cuando vivía en Venezuela ninguna monarquía  me interesaba en lo más mínimo. Era una gente que salía en la revista Hola y que yo leía en la peluquería ( y de paso, voy poquísimo a esos recintos).  Desde que vivo aquí no es que me he vuelto una experta, pero sé mucho más  de sus vidas. En estos años han explotado casi todos los escándalos posibles de la familia real española. Eso ha estremecido a la corona y a los  ciudadanos, que han puesto de manifiesto su enojo ante tanto elefante muerto en África, tanta amante suelta por ahí y sobre todo ante  la corrupción del caso Undargarín.

La  abdicación del rey Juan Carlos esta semana implica cambios, una generación diferente en un momento bastante complicado para el país.  Millones de análisis salen a cada rato en todos los medios y seguirán ad infinitum hasta que Felipe VI tenga nietos, más o menos.

El hecho es que me pongo a pensar en las conversas de mis tías en Venezuela sobre reyes y princesas como si fueran primos y amigos suyos. Una gran amiga argentina hablaba de La Máxima, la de Holanda, que es coterránea suya. Aquí dicen Felipe y La Leti (supongo que eso cambiará con el nuevo estatus).  La madre de una amiga le pide que cuando vaya a Venezuela le lleve ediciones de Hola, sin importar la fecha. Es solo para divertirse viendo a los principitos de toda Europa.

Pareciera que no interesan las funciones de los de sangre azul, ni lo que se supone que deben hacer por sus países. Importa con quién se casan, qué vestido usan y si repiten alguna prenda, el peinado apropiado y así. Bueno, esto último está cambiando para mejor, para pedirles más transparencia y trabajo. Sin embargo, por allá en 1997,  cuando falleció la princesa Diana, recuerdo al quiosquero de mi vecindario diciendo, no sin rencor y dolor : “Chico, se viene a morir esta mujer que era más buena que un pan, que ayudaba a los pobres de todo el mundo. En cambio las PUTAS de Mónaco que se acuestan con el guardaespalda, con el vecino y que son putísimas, ahí están vivitas”. ¡Plop!

 

Sin categoría

Los encargos

 
 

A los tres meses de llegar a Madrid se apareció el novio de una amiga con una bolsa de Nestea, Toddy, Susy, Cheez Whiz y colonia Chicco. Yo no lo había pedido, pero ella es mi pana desde la infancia y sospechaba que esas cosas me harían falta estando tan lejos. Aquél fue, sin saberlo, mi bautizo de regalos y encargos de cosas venezolanas. Un amigo me dice que con tanta Nutella y chocolate por estos lares para qué voy a pedir El Rey, Savoy y Bolero. En el fondo, todos esos sabores me remiten a momentos, a lugares, a personas, a risas de colegio, a meneos en una mata de mango (lo siento , soy de pueblo y sí, jugaba mucho en árboles de mi calle).

 

Hace como un año me llegó una bolsa repleta de chucherías, el remitente dejó olvidada la factura y cuando la vi casi me da algo. Era una cifra exorbitante.  Me sentí malísimo pensando en todos aquellos que me han traído mis tontos antojos, en el dinero que se habrán dejado en un Farmatodo o los sitios que habrán recorrido buscando unos pirulines. Ahora ya no pido nada, porque tampoco hay mucho, la verdad. Así que cuando alguien me anuncia que viene a Madrid y me pregunta si quiero algo, digo: “Tu presencia”.

De todos modos es bonito pensar que tantísima gente ha cargado a lo largo de cinco años con cosas para traerme. Incluso desconocidos que leen mis lamentos en las redes sociales y me escriben a manera de contrabando casi: “Mira chama, tengo unos platanitos y Nestea, si quieres nos vemos”. Es verdad que hay tiendas aquí, que muchas cosas se consiguen, pero el valor agregado del afecto de quien lo manda es importante. Además, hay días en que amanezco pensando en comer mamón o ciruela de huesito. Eso sí está difícil de conseguir y de describir a quienes nunca lo han visto.

Esta semana me han llegado chuches de parte de Tamoa , unos cocosettes que me mandó mi hermana  y una postal que vino desde Miami…¿pueden creer que aún me envío postales con mis amigos? Pues eso, que sí, llámenme nostálgica, pero las envío y las recibo.

Esto de los encargos y regalos es universal para los migrantes. Mis amigos españoles que han vivido fuera dicen que echaban de menos el buen vino, el jamón serrano, el cola cao, las croquetas de sus madres, el gazpacho,  las sepias, los calamares, las frutas, las verduras etc. Ellos lo tienen más difícil para que alguien se los lleve a sus destinos, eso sí. Aunque más de una madre carga con su pata de ibérico para complacer paladares.

 

¿Y  tú? ¿Has cargado con algo para un amigo que vive fuera? ¿Alguien te ha llevado algo insólito que te recuerda a tu infancia a ese lugar de tu nueva vida? Seguro que entregarlo o recibirlo te han sacado una sonrisa y ya con eso mereció la pena.

 

Sin categoría

La muerte anda suelta o esas cosas de la memoria

La semana se convirtió en un largo obituario. Frente al mar de San Sebastián me enteré de la partida de Cheo Feliciano. Recordé, cómo no, el el último concierto suyo al que fui en Caracas. Canté mentalmente «Anacaona», mi preferida. Horas despúes se fue García Márquez (nunca me sentí tan confianzuda como para decirle «Gabo», aunque yo no hubiera tenido problemas en que él me llamara Bria). Tenía días leyendo que su salud estaba frágil y su partida no pilló a casi nadie desprevenido. Pensé en mi vieja edición de El amor en los tiempos del cólera, en Florentino Ariza y Fermina Daza, en mi cuaderno de 4º año de bachillerato con mi esquema de la familia Buendía y mi profesora de Castellano que, ya de mayor, me dijo: «Si algún día lo entrevistas, dile que en Guayana lo queremos muchísimo». Ese encuentro nunca ocurrió, está claro. 
He gozado leyendo y escuchando estos días muchas anécdotas e historias de ese colombiano enorme.  No tengo ninguna personal, ni una foto, ni una firma, ni un chiste. Lo más cercano es que muchos amigos y yo hemos hecho talleres en su fundación  y que trabajé con Teodoro Petkoff , quizá el más célebre de sus amigos venezolanos. Ah, y también una carta que escribió a María Teresa Castillo con motivo de su cumpleaños número 80. Un día la vi en el archivo de El Nacional  y empezaba más o menos así: «Querida María Teresa, cuántos años cumplirás de verdad si apenas confiesas 80?». Me reí mucho.
La parca también se llevó a la actriz Mayra Alejandra, protagonista de Leonela. Y yo, claro, cantando mentalmente: «Soy el ladrón de tu amor, tu mal recuerdo…». Era muy pequeña cuando la emitieron, pero la historia y la canción traspasaron generaciones. Total que la muerte se suelta y se activa la pensadora, el archivo empieza a darle duro, a pensar y repensar.  Deja como una melancolía de otros tiempos. No sé si se trata de una actitud aprendida. He visto a mis padres hablar con otro tono de voz y gesticular distinto cuando hablan de sus amigos y familiares fallecidos.  Lo único que sé es que ahora lo siento yo por esta gente a la que solo me une el lazo de haber disfrutado de su talento. 
Mis recomendaciones:
Aquí les dejo los links de algunas de las mejores cosas que he leído estos días sobre GGM:
 El amante inconcluso en El Tiempo  (sobre Bill Clinton por GGM)
A mí me insultó García Márquez  por Fernando Gaitan en El Tiempo (el libretista de Betty La Fea y Café con Aroma de mujer) 
La tarde en que murió el escritor más querido del mundo   por Albinson Linares en Prodavinci
Sin categoría

Te vas haciendo

Cuando te vas lejos de tu país pasan cosas casi sin darte cuenta. Los niños que dejaste crecen  y tú vas adquiriendo nuevos hábitos, que antes te resultaban desconocidos, ajenos, de otra gente.  No hablo solo del vocabulario, ni de la entonación. Te animas también a querer y hacer otras cosas: tirarte a tomar el sol en un parque,  así no haya playa cerca (cosa de la que me burlaba cuando venía de turista, lo admito),  el fútbol,  ciertos cantantes y actores, alguna región para ir en verano,  bebidas, comidas que desconocías,  vestuario que nunca te hubieras puesto antes.
Como se dice aquí, “te vas haciendo”  a que vives acá y que puedes mezclar lo mejor de los mundos que conoces. Cuando hablas en segunda persona del plural, esa que nos enseñan en el colegio y no usamos, no te lo puedes ni creer. Me pueden oír decir: “¿Vosotros queréis ir? ¡Os va encantar!”. Es raro, pero te acostumbras y luego te sale espontáneo hasta que llega tu mamá de visita y te dice: “¿Qué te pasa, mija? ¿Quéjeso de vosotros y de os? ¡Ay no! ¿Quién es esta negrita? Me la cambiaron!”. Y te ríes y comprendes que se extrañe, pero son maneras de sobrevivir que elige cada quien. 
Les cuento todo esto (¿o debería escribir  “os cuento”? jeje), porque ayer vi la película Ocho apellidos vascos. Es una comedia romántica que atraviesa los tópicos españoles, los chistes regionales, las típicas riñas entre zonas geográficas muy diferenciadas en este país (algo así como poner a un gocho y a un oriental de pareja protagónica) . Iba con el temor de que no me diera risa, de que no pillaría nada. Fui con mi pareja (que es español) y me reí casi más que él.  Incluso me di cuenta de juegos de vocabulario y bromas que él ni se enteró.
Antes de ir al cine, quise pensar que entendería el argumento de la peli porque siempre tuve contacto con vascos (mis profesores del colegio de jesuitas) y que frecuento Cádiz, por lo que entendería las chuscadas andaluzas. El hecho es que me reí montones por eso y porque…me voy haciendo. Eso sí, no como pipas (semillas de girasol), ni me baño en la playa a cero grados,  ni como melón con jamón, ni tomo café con hielo, ni hago topless (toclés, dicen algunos).  Sin embargo, pues eso, que me voy haciendo. ¡Ah! y los que están de este lado, vean la película porque tiene mucha gracia y porque Sevilla y Euskadi tienen un coló especiá.

Sin categoría

Vacaciones en la guerra

 
Briamel González Zambrano
 

El pasado 12 de febrero, Día de la Juventud y aniversario de boda de mis padres, empezaron las protestas estudiantiles en Venezuela. Los reclamos legítimos de seguridad, oportunidades y mejoras necesarias en la economía no han cesado desde entonces. De hecho, se han incrementado  y junto a ellos, la represión del gobierno con su cara más cruda.  Muertos, violencia, presos, violaciones de los Derechos Humanos.

 

En medio de este tsunami de manifestaciones fui a Venezuela.  Era un viaje programado desde hace meses.  Primero estuve en Medellín por razones de trabajo. Las noticias sobre el caos venezolano  ganaban espacio en los noticieros colombianos. Las imágenes eran desgarradoras. Mis compañeros me decían que lo pensara bien. Estuve a punto de cancelar el billete e irme a Cartagena con ellos. Después de desvelos y cavilaciones, decidí arriesgarme. Más valía un abrazo de mi familia que las vistas de la ciudad costera Patrimonio de la Humanidad.

 

Fueron dos semanas de comer sabroso, de conversar en familia, de reencuentro con las amigas de siempre, reuniones, risas, fotos, río, cielo y más río,  el calor de Puerto Ordaz y de la gente. Cierto descanso y solaz. Sin embargo, la situación del país estaba sentada a la mesa, como un comensal más, como un amigo del colegio, como un conocido que aparece siempre y que tú no lo invitaste. Como un “arrocero”. Fui con el propósito de no agobiarme ante todo lo que pasaba, de ignorarlo un poco por mi paz interior. No me avergüenza decirlo. Se trataba de mis vacaciones y nada de lo que yo pudiera hacer mejoraría la situación en Venezuela. Así que estuve de misión evasión, pero qué va. Te toca la puerta, es el tema de todos, la angustia de todos, el insomnio de muchos. Los susurros en las casas: “La hija de fulana está en las protestas. Estudia Medicina y dice que va a las marchas porque no tiene futuro, porque quiere un país mejor” . “El marido de mengana está preso. Salió a decirle al GN que dejara de tirar bombas porque había mujeres embarazadas y se lo llevaron”. “Los gochos no van a parar”…  Y así una larga cadena de historias compartidas cada tarde.

 

No hay casi medios de comunicación. Quedan pocos independientes. Cierran por falta de papel,  o los compra un poderoso gobiernero, o tienen miedo y se autocensuran. La gente que quiere informarse ve CNN en español todo el día.  Esto es de inmensa gravedad para la democracia y la respiración de cualquier país. A mí, en lo personal, me afecta como periodista y me hace pensar siempre en el destino de mis amigos que siguen ejerciendo allá.

 

Fue muy raro ver a mi ciudad ardiendo en trifulcas y barricadas. Con una cara diferente, con hogueras y trancas, con semáforos dañados. Muy duro ver esas tanquetas y que venga a la mente el enorme gasto militar del gobierno, mientras que en los hospitales falta de todo.  Se respira  inquietud, irritación, hostilidad, miedo. Hay quien habla de “la primavera venezolana” porque siente que hubo un despertar del sentimiento que aqueja a una gran parte de la población. No sé yo cómo va a parar esto, hacia dónde conduce, ni si tendrá un punto de encuentro.

 

Lo qué sé es lo que vi y que no es nada nuevo, pero asombra a quienes nos fuimos del país. El precio de una casa es ahora similar al presupuesto general que tenía un estado completo hace pocos años. No hay vehículos nuevos, no hay billetes aéreos, no hay leche, no hay mantequilla, no hay aceite, no hay harina, escasea el papel higiénico, no hay tratamientos para pacientes oncológicos. Si encuentras algunos de los anteriores, es a precio de oro.

 

Duele ver la intolerancia. Gente que dice: “En mi casa no entra un chavista”, “Mis hijos no serán amigos de chavistas”, “Todos los opositores son unos asesinos, están entrenados para matar”, “Bien hecho que les cayeron a bombas a esos hijitos de papá, van a ver lo que es bueno”.  Escuchar eso es durísimo. Y lo oí muchas veces.

 
 

No hay reconocimiento de las partes, de los bandos en que se dividió el país. Creo que hemos retrocedido muy atrás en muchísimos sentidos. Hay que reconstruirlo todo y para eso, me temo, se requiere tiempo, paciencia y voluntad.  Quisiera pensar que es posible, aunque de momento, todo está desdibujado. Sé que con este post no he descubierto el agua tibia, solo que el agua tibia me saltó en las manos y me dejó quemaduras.

 

 

¡Dueles, Venezuela, que lo sepas, dueles como una muela taladrando el nervio hasta llegar al cerebro, dueles, pues!

 

Sin categoría

Escapulario ajeno

El lunes llegué a la oficina y me felicitaron: “Ole, ole, ole por ese Goya, guapa”. Me sacaron una sonrisa. Yo había visto la ceremonia y me conmovieron la euforia y el mensaje de Miguel Ferrari. Sin embargo, me hizo gracia que me felicitaran por un premio con el que no tengo nada que ver. Me parecía estar ganando indulgencias con escapulario ajeno.  Quiero decir, no solamente no he visto “Azul y no tan rosa”,  sino que casi nunca iba a ver películas venezolanas. Aquello de “apoyar el cine nacional” no era algo que se me diera bien. No nos caigamos aquí a mentiras, pues.

Pensándolo bien, la noche del Goya, cuando nombraron la película alcé los brazos desde el sofá,  como si yo estuviera cruzando la meta de un maratón. Me gustó escuchar un acento parecido al mío. Me gustó ver a Daniela Alvarado feliz. Me dejó en shock ver que Hilda Abrahams tiene la cara tan intervenida y es apenas un bosquejo de lo que fue su rostro.  Total que acepté mi felicitación como si me hubiera fajado a producir y filmar una peli que no he visto.

Hoy, solo tres días después, me dice un compañero en el ascensor: “Jo, siento lo de tu país. Todo va mal. Lo siento”. Y claro, la web del diario El País abría con la noticia de muertos y heridos en manifestaciones en Venezuela. Esta vez no hay escapulario ajeno. Esta vez hiere, duele y sí me siento involucrada, sí me siento parte de la película. Yo no marché ayer, ni siquiera me desvelé. Cuando mis amigos periodistas me reportaron que había muertos…respiré profundo y me fui a dormir. Apenas eran las 11 pm en España y las 4:00 pm allá.

Encender el teléfono por la mañana y tener el TL del twitter ensangrentado, 7 mensajes de whatsapp con cientos de hilos de mis distintos grupos de amigos preguntándose si están bien, ver el triste papel de los medios, la desinformación y la censura. El mundo al revés. Yo no estoy ahí, pero he estado ahí: en marchas, en manifestaciones, viendo heridos, tragando gas.  No he sido la primera ni la última.  Solo digo que nadie me lo contó. Yo estuve y , por eso, sigo estando.

Un amigo dijo esta semana que la nacionalidad venezolana es agotadora. No puedo estar más de acuerdo, es extenuante.  Es la única que tengo y a veces, como esta semana, la llevo como un saco de piedras sobre la espalda:  pesando, lastimando, doliendo. A ver qué será lo próximo que me dirán mis compañeros de oficina. A ver qué nos traen las noticias…si es que las transmiten.

 

Sin categoría

¡Ayudando al gallego!

Un amigo español se va a Medellín y luego a  otros países de América Latina durante cuatro meses por una asignación laboral. Siempre me pregunta los sinónimos de las palabras que digo. Hoy, a una semana de su viaje, me pidió consejos para entender mejor a sus interlocutores y para no meter la pata.
Yo le he dado unos pocos. Agradezco los que me puedan aportar 🙂

Le he dicho:
*Ahí los taxis no se cogen, se toman, se agarran. Cuidadito con el verbo coger.
*Los carteles de las puertas no dicen: «tirar», dicen: «hale» o «empuje». Cuidadito con el verbo tirar
* La palabra mona en Colombia significa rubia. Así que no puedes decirle a una chica «¡Qué mona!» tan alegremente. Tampoco puedes decir «¡Qué chula!». Porque allá no se usa como aquí.
* No existen los «pijos». En cada país tienen su sinónimo propio. En Venezuela es «sifrino»
*No tomo café, pero hay un lenguaje especial para eso en cada país. Pregunta al llegar. En el mío hay variantes: «guayoyo» «con leche» «tetero» «Obama». Tú pregunta y te aclararán.
* No digas «pasta» para referirte al dinero. Ahí le decimos «dinero» «plata» «lana». La pasta es la comida.
* Ahí no se dice «tío» o «tía» para referirse a un chico o una chica. Solo implica nexo sanguíneo.
*Ten paciencia. Existen términos como «ahorita» que no especifica cantidad de minutos. «Te lo traigo ahorita o ahora», puede significar muchas horas.
*Ten paciencia. La puntualidad no es algo que nos distinga (a mí sí, pero eso te lo cuento otro día). Si te invitan a una fiesta a las 9:00 pm. No llegues a esa hora. Ve a las 11:00 pm
*No insistas en aclarar que eres de la provincia de León. Todos te dirán «gallego».
*En Colombia no te resistas a que te digan «usted». No tiene nada que ver con la edad
*No se dice «competición». Es competencia
*No se dice «aportación». Es aporte
*No se dice «patrocinadores». Sin patrocinantes
*No se dice «financiación». Es financiamiento
*No se dice «ordenador». Es la computadora o el computador.
*No se dice «móvil». Es celular
*No se dice «inversores». Son inversionistas
*No se dice «palomitas de maíz». Aunque te entenderán, en Venezuela son cotufas y en Colombia, «crispetas».
*Todo el lenguaje referido al sexo es diferente. Pide asesoría en cada sitio. Nada de decir «follar», ni «polla», ni «gilipollas». Pregunta en cada país cómo es la cosa. (En algunos países del sur, la polla es la lotería, por ejemplo)

¡Espero que te ayuden un poco mis consejitos! ¡A ver qué dicen mis lectores!