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Patty Cardozo: “Quiero cambiar el paradigma de sufrimiento del inmigrante»

Patty Cardozo durante su charla «Tu vida en una maleta en Madrid»

Briamel González Zambrano


Patty Cardozo llegó a España en el año 2013. Nació en Valencia (Carabobo) y vivió en Barquisimeto. Era propietaria de una agencia de viajes en la capital carabobeña. Se marchó a tierras ibéricas junto con su marido con la idea de estudiar un postgrado y regresar a Venezuela, pero nunca utilizaron el billete de vuelta. Patty hizo un máster de Coaching en Zaragoza, donde reside. El tema de su proyecto final académico fue sobre cómo asesorar a los inmigrantes y lo llamo “Migracoaching”.  La tesis obtuvo mención honorífica y una editorial aragonesa le ofreció escribir un libro sobre coaching y empezar de cero, aplicado a emprendedores y a migrantes. De ahí surgió “Tu vida en una maleta”, un texto donde relata, a través de las emociones, todo lo que pasa durante el proceso de irse a otro país.

Con Patty Cardozo antes de la entrevista en Madrid

Cardozo, de treinta y tres años,  hoy cuenta con doce mil quinientos seguidores en su cuenta Instagram que abrió en enero pasado. En esa red social brinda apoyo a quienes consultan sobre qué hacer con lo que sienten al abandonar su país.  Les aconseja sobre la transformación de las emociones y cómo enfrentar la nueva vida en un destino distinto. Patty ha convertido el migracoaching en su modo de vida. Dicta charlas en diferentes ciudades españolas y brinda asesoría en persona y a través de skype. Nos encontramos en su más reciente visita a Madrid para hablar de su proyecto.

Ataviada con minifalda de cuero, tacones brillantes, una camiseta blanca y  peinada de peluquería me esperaba en la antesala de un hotel de Malasaña.  Allí ofrecería su charla “Mi vida en una maleta” una hora después de conversar conmigo. Nos sentamos en un sofá y el público que acudía a verla no paraba de llegar y saludarla con afecto. Ella me pidió disculpas por las interrupciones y se levantó varias veces a dar abrazos y preguntar los nombres de los asistentes. A varios les confesó: “¡Sí, claro que me acuerdo de tu caso, naguará!”.

.- ¿Por qué pensaste que el coaching para inmigrantes como tesis para tu máster?

.- Un día escribí un artículo que se llama “Qué se siente al migrar”. Se hizo viral. Incluso artistas de la farándula venezolana lo postearon en sus redes como si fuera suyo. Digamos que hubo varios plagios o gente que no me dio el crédito (ríe suavemente). Sentí un impulso por el auge de ese texto y todas las preguntas que me llegaron a raíz de haberlo escrito. Entonces decidí hacer la tesis de eso, luego vino el libro y ahora mis sesiones de migracoaching, mis charlas y muchos planes.

.- ¿Cómo son las sesiones de migracoaching?

.- Las hago en persona y también vía skype para personas que se han ido o están por irse de su país. Me plantean su problema, sus dudas, sus sentimientos y yo les doy mi feedback y hacemos juntos el plan de acción para conseguir metas. Casi siempre trabajamos los miedos, las incertidumbres, el apego, las herramientas para empezar de cero.

.-¿Cuál es la consulta más descabellada que te han hecho?

.-Una chica se quería ir del país y su novio no. Él le propuso matrimonio. Ella quería que le dijera si abandonarlo o si quedarse con él. La respuesta estaba en sus manos, no en las mías. No soy nadie para meterme en eso.

.- Te confieso que mi proceso migratorio fue muy fácil emocionalmente porque tengo a casi todo mi grupo de amigos de la universidad aquí en Madrid y la mayoría llegó antes que yo. Por lo tanto, tuve su respaldo y nunca me sentí  ni sola, ni perdida, ni con miedo,  ni con todos esos sentimientos de nostalgia y llorantina que te comentan en tus redes. De hecho, me resulta bastante ajeno todo ese apego por un país que creo que ya no existe. No es que no lo quiera ni que no lo piense,  ni que no desee que todo mejore, entiéndeme. Es que tengo claro lo que era, lo que fue y lo que no es ahora.  Sin embargo, leo las consultas que te hacen y lo encuentro natural. La nostalgia, el dolor por la familia, los apegos…

.- Qué suerte tienes de haber tenido un proceso así, pero no es la realidad de todo el mundo. En la mayoría de los casos hay mucho dolor y mucho apego. Yo quiero cambiar ese paradigma de sufrimiento del inmigrante. No tiene que ser visto como un drama. Se tienen que trabajar los sentimientos, las metas, lo que se quiere conseguir, se tiene que ver hacia adelante. Es normal sentir nostalgia de paisajes, de algunas cosas materiales y sobre todo de personas, de los afectos, pero si has tomado la decisión de irte, hay que asumirla con valentía, con ilusión, con entereza. Tener planes, luchar mucho. La vida que tuviste en Venezuela es parte de lo que eres y nadie te lo va a quitar, pero se acabó y empiezas en otro lugar, con todas tus fortalezas y tus debilidades. Hay que ver las oportunidades, buscarlas siempre.

Creo que es muy válida la nostalgia, cómo no. Sin embargo, el llanto constante es lo que no puede ser. Te has ido, ahora a trabajar para conseguir lo que quieres. Si no tienes la fuerza económica, búscala. Si no conoces a nadie, inscríbete en actividades gratuitas, hazte voluntario, hay muchas organizaciones que necesitan gente. La Cruz Roja, por ejemplo, es un buen lugar. Hay que pensar que llorando, estás perdiendo una oportunidad de crecer, de expandirte en muchos sentidos.

.- Creo que esa nostalgia del venezolano es universal de cualquier migrante, pero también tiene que ver con que estamos estrenándonos en esto de ser inmigrantes.  Antes la gente se iba a estudiar y volvía. Fuimos un país receptor de inmigrantes durante décadas y ahora nos ha tocado…

.-Exacto. Es un proceso inédito y eso conlleva un aprendizaje. Estamos aprendiendo todos sobre la marcha. Aprendemos sobre lo que significa dejarlo todo atrás y recomenzar. Eso no tiene por qué ser terrible. Insisto en que hay que trabajar y ver las oportunidades en medio de lo adverso y difícil. Hay que sacar las herramientas. Poner en práctica la paciencia, el entusiasmo y la confianza. Hay gente que me escribe: “Esto es desesperante. No encuentro trabajo”. Y le pregunto: “¿Hace cuánto llegaste?”. Me responde: “Hace dos semanas” (risas). Hay que tener constancia, equilibrio y paciencia.  Mi historia personal no fue un camino de rosas. No es que me estaban esperando en Zaragoza para ponerme una alfombra roja. Cada quién tiene que trabajar por lo que quiere y hacerlo intensamente.

 

.- ¿Cuál es tu recomendación general más recurrente a los venezolanos que se van?

.- Que dejemos atrás las malas mañas, la viveza. Que sean agradecidos. Que se olviden del “yo tenía, yo era” y que recomiencen y se reinventen. Que aprendan a soltar y a deslastrarse de lo que fueron.  Que migrar es un viaje por todas las emociones y hay que vivirlo.

.- ¿Cuáles son tus próximos planes?

.- Seguir dando charlas por toda España y ojalá en otros países. Continuar con mis sesiones de coaching tanto personales como en skype. Hice del migracoaching mi modo de vida y lo pienso mantener. Me hace feliz, me gusta y me da muchas satisfacciones.

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Daniela Páez: Vivir conectando a los venezolanos en España

Daniela Páez solo tiene un año en Madrid y ya cuenta con 63.000 seguidores
Briamel González Zambrano

Daniela Páez es una caraqueña nieta de españoles que nunca se sacó el pasaporte europeo. Cuando cumplió 21 años perdió la opción de obtener la nacionalidad de sus abuelos a través de la Ley de Memoria Histórica. Tenía 28 años cuando decidió que se iría de Venezuela y empezó a informarse de las posibilidades de obtener una documentación que le permitiera vivir en España. Ese proceso de investigación la llevó a infinidad de páginas web y a bufetes de abogados que no la orientaban bien, y en el consulado español de Caracas sintió que le daban la espalda. Esta falta de información clara y precisa la llevó a crear la cuenta de Instagram llamada “Venezolanos en España” en junio de 2015, justo un año antes de migrar a tierras ibéricas.

En la red social comentaba todos sus trámites, sus tropiezos y sus aciertos, que han sido muchos. La comunidad empezó a crecer y a día de hoy suman 63.000 seguidores que cada día le consultan sobre oportunidades de trabajo, cómo buscar vivienda, cómo acceder a servicios sociales y, en definitiva, cómo es la vida en España. Daniela pasa entre tres y cuatro horas cada día contestando estas preguntas y ayudando a los compatriotas sin ningún ánimo de lucro.

Páez, ingeniero de profesión, desarrolló su carrera en Venezuela en el área del marketing digital. Tenía un buen trabajo, coche y había comprado su casa junto a su novio. Aterrizó en Madrid en julio de 2016. Nos encontramos en su oficina para hablar de su experiencia manejando las redes y asesorando a los inmigrantes.

Una de las imágenes que diseña Daniela en «Venezolanos en España»

.- Sé que la pregunta es una obviedad, pero cada caso es diferente. ¿Por qué te fuiste de Venezuela?

.-No podía ni siquiera ponerle las rejas a mi casa que estaba para estrenar, no teníamos cómo amueblarla. Teníamos buenos trabajos, pero no había cemento ni cabillas, y cuando había los precios eran impagables. Eso me frustró mucho. La gota que colmó el vaso fue que vi desde mi carro cómo atracaban a un señor con pistola a la una de la tarde y me puse a temblar. Decidí que no podía seguir viviendo así.

.-¿Ha sido muy complicado para ti volver a empezar y conseguir la documentación?

.-Apenas tengo un año y pocos meses en España, pero a todo lo veo su lado positivo y sus enseñanzas. Yo metí currículos antes de venirme y tuve entrevistas desde Caracas. Cuando llegué conseguí empleo. Tuve tres trabajos a la vez y ahora soy autónoma (freelance). Lo de los papeles sigue siendo un parto. Mi madre, que es hija de españoles, se vino y obtuvo su pasaporte español. Yo hice una solicitud de “arraigo por situaciones excepcionales”, pero fue muy difícil averiguar cuál era el trámite exacto que mi hermano y yo teníamos que hacer para estar legales, por eso decidí ayudar a través de la cuenta de Instagram, porque no encontraba cómo informarme. Luego abrí el Facebook y hace poco el Twitter. Estamos trabajando en la web y eso viene pronto. Vi que había medios de comunicación dirigidos al público venezolano, pero no redes sociales que unificaran las dudas. Ahora hay más, algunas son compradas (que no es mi caso) y otras tienen detrás un trabajo de hormiguita, como la mía.

.-¿Cuáles son las consultas que más se repiten?

.- Las consultas que más se repiten están relacionadas con oportunidades de trabajo. Yo publico ofertas laborales que me llegan y las comparto con la gente. Quisiera aprovechar para sugerir que no me hagan preguntas abiertas como “¿Se consigue trabajo en España?”. A esos no les respondo. Quiero decir, hay que acotar lo que quieres saber. Deben decir si tienen papeles, si no tienen, cuál es su profesión y edad, y en qué campos están dispuestos a trabajar.

Tampoco respondo a las consultas del tipo: “Soy ingeniero con diez años de experiencia, me gustaría trabajar en una petrolera y ganar más de 50.000 €”. La gente tiene que ubicarse y saber bien a dónde se van, las condiciones de la economía y los salarios.

.- ¿Cuál es la consulta más rara que te han hecho?

.- (Piensa. Levanta la mirada al techo. Sigue pensado. Suspira.) No se me ocurre la más rara, pero sí te puedo decir que la que más me conmueve es la de gente que se viene por casos de enfermedad y escasez de medicinas. La emergencia médica que hay en Venezuela es terrible, así lo quiera negar el gobierno.

Hay un muchacho que está esperando un trasplante de corazón. Se vino con su novia y vive en el hospital Gregorio Marañón porque no tiene dónde vivir. Hubo un caso de una niña con cáncer, ella recibió ayuda, pero al final falleció. Esos casos me parten el alma y trato de movilizar a la comunidad que me sigue para que colaboremos.

También me conmueven mucho las personas mayores que se vienen y se están reinventando con ilusión. Por ejemplo: “Soy ingeniero y ahora hago tartas, estoy a la orden”. Porque de unos años para acá la gente se está viniendo con un nivel de desesperación enorme, algunos sin averiguar bien lo que se van a encontrar en el país al que llegan. Hay de todo. Yo siempre les recomiendo informarse bien a dónde se van.

.-¿Hay casos muy duros en ese sentido, no?

.- Sí, muchos dramas. Hay casos reales y otros que no lo son. A mí me disgusta que se acerquen a mí planteando su caso desde la lástima. “Me botaron de mi casa, consígueme un trabajo, no tengo dónde dormir”, sin decirme en qué está dispuesto a trabajar o qué quisiera hacer.

Insisto en que recomiendo mucho a la gente que evalúe la migración. Están los países latinoamericanos en donde no necesitan una visa para trabajar o por lo menos no es tan complicado como aquí. En España están negando las visas de estudiantes desde hace un tiempo y nadie sabe cuál es el filtro que hace el consulado en Caracas.

Recomiendo que evalúen Colombia, Chile, Argentina… Allí el proceso no es tan complicado siendo de la región. El venezolano se mete en la cabeza que o se va a Estados Unidos o a Europa. En realidad hay más opciones. Yo me vine para acá porque tenía una forma de hacer los papeles a través de mi mamá. Si no, me hubiera ido para Chile o Argentina.

.-Las redes sociales son un caldo de cultivo para diatribas y polémicas constantes. ¿Cómo llevas esto?

.- La gente a veces caen a un nivel tan bajo, tan poco profesional… Hay esos a quienes les encanta las polémicas, las telenovelas. Veo cosas muy irrespetuosas, desagradables y tóxicas. A veces hay personas muy groseras que dicen cosas como: “No publiques fotos de comida porque en Venezuela hay hambre” o “¿Cómo se te ocurre ir a una fiesta y poner la foto si aquí mataron a diez estudiantes ayer?”. Esos tonos que son terribles y no aportan nada. Yo no les respondo. No tengo que dar la explicación de que todo lo de Venezuela nos duele, pero seguimos viviendo nuestras vidas.

.- Pero también habrá gente agradecida ¿no?

.- Es poca. A veces pienso en dejarlo porque me desanima eso. No es que quiero que me hagan una estatua, pero si te ayudé a conseguir casa o trabajo me gustaría que me lo hicieras saber. Hacer las respuestas me lleva tres horas al día. Esto no me genera ninguna retribución económica.

.-¿Quéeee? No lo dejes. Creo que tu cuenta cumple con un servicio muy valioso para los venezolanos.

.- Es que de cien correos que respondo a la semana, solo 10% me responde con gracias. Es desagradable. Yo no les cobro, pero al menos espero algo de agradecimiento. La que es agradecida es muy linda, pero es un porcentaje muy mínimo. Lo que me hace quedarme es que esto me hace feliz, escribir los post y hacer estas redes, pero me quita tiempo. Han aparecido demasiadas cuentas. Y hay muchas que no son reales, que tienen seguidores comprados.

.-¿Qué tal la vida como autónoma (freelance)?

.- (Risas) Me encanta. Llevo poco tiempo, pero era lo que yo quería. He montado mi empresa de marketing digital. Ahora mismo mis clientes son venezolanos y me han llegado a través de la cuenta de Instagram.Hago logos, hago redes sociales, plataforma digital, soporte off line, captación de clientes, tarjetas de presentación, diseño. Creo que mi pasión es diseñar, es donde encuentro el flow. Siendo autónoma he encontrado la libertad que buscaba, no ser empleada y usar el tiempo como yo quiero. Mi objetivo profesional es producir dinero, que el dinero trabaje para mí.

 

.-¿Cómo te imaginas tu futuro? ¿Te ves en España?

Es una pregunta complicada porque  pienso en formar familia me cuesta asumir que tendré hijos en esta sociedad. Cuando veo a los adolescentes y a los niños, no sé…

.-Los adolescentes son adolescentes en todas partes del mundo

Sí, pero aquí hay mucha libertad y allí hay más soporte familiar, unión y hay más comunicación. Aquí los niños pierden ese nexo con los padres.  Yo veo aquí cosas que me escandalizan.

.-Pero tus hijos serán tuyos y los criarás como tú quieras…

Sí, pero el entorno ayuda. El colegio, los amigos. Todo me preocupa y es muy loco porque cuando pienso en familia pienso en Venezuela, pero a la vez no quiero regresar. Quisiera que mis hijos tuvieran lo que tuve yo: abuelos, familia reunida, navidades con gentío.

.-Creo que esa conversación sobre los niños la tendremos más adelante (risas). Por el momento, ¿qué les dirías a los inmigrantes que se están viniendo?

 

Que se informen bien sobre las posibilidades que hay en el país de destino. Que hagan las preguntas acotadas. Que hay algo que se llama Google y que es bastante útil (risas). Hay información que está en todos lados. Que si eres español por herencia, la información para ti está en todos lados y el consulado no te dará la espalda. También les digo que a donde vayan entreguen lo mejor de sí mismos, que se adapten, que abran los brazos a ese nuevo destino. Que no traigamos los vicios sino lo mejor, las virtudes de los venezolanos.

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Daniela dedica 3 horas diarias a atender solicitudes de venezolanos inmigrantes o que quieren migrar
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Michelle Roche: “Me salvé del acoso escolar por ser lectora»

Briamel González Zambrano

Michelle Roche Rodríguez / Foto de Gabriel Osorio


A Michelle Roche la conozco desde que estábamos en cuarto año de carrera en la UCAB en Caracas, cuando empezamos a estudiar la mención Periodismo y éramos unas veinteañeras de principios de siglo. Desde ese entonces somos amigas. Ella me llama “Negra” (como muchos de mis amigos) y yo a veces la digo Michi o su variante MichiRoche. En aquella época universitaria íbamos a la playa con nuestros compinches y Michelle se aparecía con una pamela grande y un estuche repleto de todo tipo de potingues y refinadas cremas para cuidar su blanquísimo rostro. A mí me parecía aquello una hipérbole. Ella me replicaba con esa manera sentenciosa que a veces suelta: “¿Te crees que esa piel estupenda de negrita te va a durar toda la vida? ¡No te la cuides para que veas! ¡Hablamos a los 40!”. Y bueno, no tenemos los 20×2 pero estamos muy cerca. ¡Y nos vimos!¡Vaya si nos vimos!

Michelle se ha convertido, como era muy predecible, en una escritora y crítica literaria. Desde febrero de 2015 vive en España y dedica sus días a investigar, leer y escribir sobre temas de género, del marianismo (la concepción de la Virgen María y cómo este influye  en las mujeres y su postura ante la vida) y de la familia como cosmos identitario del individuo que lo enfrenta al mundo.

Este año se ganó el premio Francisco Ayala por su colección de cuentos “Gente Decente”, editado solo en digital por Musaalas9. Acabo de leer el libro y por eso la invito a casa para hablar de la obra, de su literatura, de España y, cómo no, de Venezuela.

Pongo un disco de Frank Sinatra en un volumen bajito, casi susurrante, para que recordemos cuando ella vivía en Nueva York y recibía visitantes venezolanos en su piso (siempre y cuando le llevaran una paca de cigarrillos Belmont). Ahora no fuma y corre cada mañana para alborotar sus endorfinas y sentarse a escribir.

Llega vestida de negro cerrado (como casi siempre), pendientes de pedrería,  grandes y bellas gafas de sol, un bolso enorme donde parece cargar una oficina entera. Trae además una bolsa de palmeritas con chocolate y solo acepta que le ofrezca agua. Tiene alergia por unas reformas que hay en su edificio y el polvillo le ha alborotado la nariz. Lo comenta casi como una advertencia.

Antes de encender el grabador hablamos como unas pericas, como corresponde a dos amigas. Pasea por mi piso, me comenta sus observaciones, le gusta la pequeña terraza, luego pasa al salón y  se sienta en posición de entrevistada.

Le digo que empecé a leer su libro no con la mirada de una amiga, sino con mucha curiosidad, sin saber muy bien qué me iba a encontrar. “¡Lo que leí me sorprendió. Lo que hallé fue sorpresa!”, le comento y ya le saco la primera sonrisa.

¿Por qué “Gente Decente”?

En nuestro país ser gente decente es el status quo, el deber ser. A uno lo crían para ser gente decente, para mejorar social y económicamente. Este libro va de ocho cuentos de familia. La familia es tu primer encuentro con el otro, con el exterior y es por ende lo que perfila tu ser, es tu carnet de identidad, tu carta de presentación , la forma en la que existes tú en el mundo.  De las ideas que esta familia maneja se va a moldear tu vida.

Gente decente es el objetivo, la aspiración a reunirse con cierto tipo de gente que se parezca a ti y a tu familia. En el sentido de que sean trabajadores, buenos, exitosos.

Y en Venezuela vimos un cambio, llegó el discurso social en desarticulación que emerge con el chavismo.  Emerge toda esta masa de seguidores de Chávez y luego se genera el movimiento a su alrededor. Me estoy  refiriendo al discurso del resentimiento. La pregunta que tengo yo es:  ¿Esa gente entonces no era decente?

En el momento que te toca pasar de adolescente a adulto y tener criterio y analizar de dónde venimos, a mi generación le tocó ver y vivir una realidad totalmente distinta a donde creciste.  Un país que afloraba con otros valores que no sabíamos de dónde habían salido.

Albúm de Familia fue tu primer libro. Ahora Gente Decente…¿Vas a construir tu literatura sobre ese tema, la familia como núcleo?

El próximo libro que viene son diez cuentos de historias de mujeres.  De las relaciones de las mujeres con el mundo. Hay cosas en común entre Albúm de Familia y Gente Decente. Lo que trabaja Gente Decente es el individuo contra la familia y lo que trabaja Album de Familia  es el individuo contra la nación. La formación de la identidad individual y nacional. Ese es el  paralelismo de los dos libros. Se soportan sobre la identidad y hay otra ala sobre la que trabajo…

¿La mujer?

Sí. En el ensayo Madre mía que estás en el mitodonde expongo la visión de la virgen María, con el marianismo, la noción el mito de María católica creó una estructura y un lugar de la mujer basado en una tipa hecha para el sacrificio, aunado esto a la poética del sufrimiento del catolicismos barroco. España e Hispanoamérica celebran el sufrimiento. Determina que la mujer se sacrifique tanto por la pareja, como por el hijo, como por el hermano. Sobre la mujer recae una serie de responsabilidades que no le van a permitir su desarrollo y su verdadera realización. La otra ala que yo trabajo de la identidad femenina confrontada con el mito.

Esto aparece en el cuento “Días de fertilidad” en Gente Decente. Una pareja que se lleva bien y de pronto se encuentra con el tema de no poder concebir…

Sí. Además está narrado desde la voz del marido. Me gusta trabajar las imágenes. La manera en que estos cuentos pasan de ideas a asuntos publicables en forma de cuentos es el trabajo del símbolo.

Los cuentos de Gente Decente llevan diez años escribiéndose. ¿Por qué tanto tiempo?

Los cuentos “Lata de Galletas”, “La Negrita” y “Lengua Viperina” fueron escritos desde Caracas. En efecto, llevan casi diez años mutando. Los otros se empezaron y acabaron en Madrid. Se han tomado el tiempo de hacerlos, encontrar editorial y el momento adecuado.

Me sorprende mucho que esos tres cuentos, que son mis favoritos, sean justo los que escribiste en Caracas…

¡Imaginate!  (ríe suavemente).

Luego está  “Mamadoras de Gallos”.  El jurado del premio Francisco Ayala dijo que solo por ese cuento te merecías el galardón y a mí me generó mucha expectativa. Es muy curioso como a partir del acoso escolar expones varias capas de la sociedad venezolana. ¿Michelle Roche padeció acoso escolar?

No, yo me salvé porque era lectora. Me salvé de dos cosas: de la presión religiosa (estudié en un colegio del Opus Dei, en donde insistieron, pero no se me hizo inmanejable) y me salvé del acoso escolar porque yo estaba siempre en una esquina leyendo.

Creo que el acoso en el colegio de mujeres se articula por asuntos de ficción de la feminidad: la bonita sobre la fea, la ennoviada con la que no tiene novio, la hacendosa sobre la que no lo es, la que se mueve en ciertos círculos… Yo no encajaba en nada de eso. A mí me dejaban tranquila.

¿Y el cuento “Mamadoras de Gallo” nació de esas escenas que veías en el colegio?

No. Un amigo me comentó que a su hija la acosaban en el colegio y que él no sabía cómo afrontarlo. Yo tengo un problema con la victimización de las personas, así que le dije que lo peor que podía hacer es convertir a tu hija en una víctima. Le dije que lo lógico era que su niña les pegara, que se defendiera, que no se dejara maltratar.

(Michelle se hunde sus uñas rojísimas en sus mejillas, como sosteniendo su cara y reforzando su afirmación. Un gesto que repetirá a lo largo de la conversación).

El acoso escolar existía cuando éramos pequeñas, pero no se le llamaba así. Ahora tiene consecuencias muy graves y se pueden hacer muchas más cosas para prevenirlo…

(Me interrumpe). El acoso va a existir mientras exista el poder y el poder siempre va a existir. El acoso escolar de hoy es el acoso político de mañana.

Yo no sufrí acoso, pero te puedo decir que tengo un resentimiento muy grande por haber sido criada en un colegio religioso que me hizo perder un tiempo que yo necesitaba para aprender idiomas, para salir del país, para hacer cosas… Si hubiera estudiado en el Humboldt a lo mejor ahora mismo estuviera en la cobertura de la campaña de Ángela Merkel (se ríe, me río). No sé esas fantasías que tiene uno…

Pero al final el destino es lo que es. Si no hubieras ido a ese colegio, ¿de dónde te hubiera salido escribir del marianismo, de la mujer, de la familia?

Si, supongo que de ahí me viene el símbolo y lo que trabajo tanto académicamente.

¿Qué estás escribiendo ahora?

(Suspira). Lo próximo que viene es un libro de historias de mujeres. Además estoy reescribiendo una novela por tercera vez. Está ambientada en los años veinte en Venezuela y es una familia de enchufados de la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Me mantengo ocupada actualizando a diario Colofón, mi revista digital de literatura. También estoy haciendo la tesis del Doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género del Instituto Universitario de la Mujer (adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid).

¿ Te apetece seguir en España?

Estoy trabajando para quedarme. Le tengo que agradecer mucho a este país. Ya he publicado dos libros. Me he  metido en los círculos literarios que me interesan. Aquí es muy amplio el mundo de la literatura y puedo reunirme con gente cuyo trabajo me gusta o que hace cosas parecidas a las mías con quienes comparto maneras de ver la vida y de ver lo que está pasando.

¿Cómo ve una escritora venezolana a España?

Yo pienso que los españoles son mucho más parecidos a nosotros de lo que a ellos les gustaría.  (Risas.) Yo me siento muy bien en Madrid. Me gusta mucho esta ciudad.  Creo que estamos en un momento en el que se están abriendo las puertas para grandes cambios que no vamos a ver de aquí a diez o quince años.  Veo con preocupación la polarización porque vengo de un país altamente polarizado. No soy partidaria de comparar una situación con otra, pero me preocupa ver ciertos extremismos.

Los españoles son horizontales, reídos, cercanos, también son personas que toman decisiones muy rápido, que convierte las discusiones en algo muy superficial muy rápido. Hay muchos detalles en los que se nota que somos primos cercanos.

Viviste cuatro años en Nueva York y ahora llevas dos en Madrid ¿Cuál es la diferencia de migrar a Estados Unidos y migrar a España?

En Nueva York la gente no tiene amigos, tiene contactos. Yo viví cuatro años y cuando me fui no tuve grandes pérdidas afectivas. Me quedaron un par de amigas del máster. En cambio, cuando yo venía de visita a España ya tenía amigos. Yo llegué aquí ya con una red de amigos no solo venezolanos sino también españoles y de otras nacionalidades. He hecho además nuevos amigos. Aquí es más fácil acercarse al otro.

No tiene que ver con la lengua porque ya eras bilingüe cuando te fuiste a Nueva York…

No, no es la lengua. Es lo que esperan de la vida. Al español le gusta vivir. Al estadounidense le gusta tener. Es otra mentalidad. Tienes que estar aquí para comprender, entender y hacerte a esta manera de vivir. Yo la disfruto muchísimo. No depender de tener carro, tomar algo por ahí entre semana y no gastarte un dineral, ir a ver museos, teatros y que haya funciones de todo tipo y además gratuitas. Quedar siempre con amigos. Es estupendo.

¿Hay algo más que quieras comentarme?

Nooo, chama. ¡Yo estoy agotada, déjame ya!

(Reímos las dos.)

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Michelle Roche:
Twitter: @michiroche 

 

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Un asunto nacional

A mis amigos en México, fuerza.

Briamel González Zambrano

 

El huracán Irma afilaba ya sus vientos y amenazaba con su tour por el Caribe y ahí había venezolanos preparándose para tratar de no perderlo todo en República Dominicana, en Puerto Rico, al sur del estado de La Florida. Los vimos recoger sus bártulos y correr por diferentes ciudades de Estados Unidos. Los vimos aterrados. Y uno, asustado con ellos. Confieso que la fulana Irma, con su nombre que me recordará siempre a una manicurista a domicilio, me hizo pensar y darme cuenta de tantos y tantos de mis afectos y conocidos que tengo viviendo en la geografía estadounidense. No pasó de un susto para muchos de ellos. Un susto que te pone a pensar, claro.

 

Cuando ha temblado en Chile, de inmediato he hablado con Piero, mi compañero de baile del cole: «Todo bien, mi negra», me dice. Y yo respiro.

 

Tembló en México a principios de septiembre y vimos a venezolanos declarando en los telediarios. Aterrorizados con el recuerdo de 1985.  Ayer regresó ese fantasma, el mismo día 32 años después y con una fuerza de 7,1. Van 220 muertos. Mi teléfono no paraba de pitar, mostrándome imágenes, gritos y caídas de edificios. Recordándome a los grandes afectos que tengo en ese país. Amigos mexicanos que adoro, pero también, cómo no, compinches de mi infancia, del colegio en Puerto Ordaz, de la universidad en Caracas, de distintos trabajos. A casi todos los he visitado allí en Ciudad de México y en Veracruz y hemos reído, hablado como «El Chavo» y recordado a «Carrusel», a Cantiflas y a Capulina. Hemos cantado Juan Gabriel, Luis Miguel y Timbiriche. Todos esos amigos viviendo en el país de los cuates, han reconstruido sus vidas, reconvertido sus carreras profesionales, ahora dicen «platicar» y  «depa» (así como yo digo «chaval», «tío» «flipa»). Todos se han reportado y están bien, aunque nerviosos y preocupados.

Esta revuelta de la naturaleza me ha hecho recordar que cuando yo era pequeña decían que a los colombianos se les encontraba en cualquier parte del mundo (debido a la migración producida por el conflicto armado y el narcotráfico). Que estaban regados por doquier y que hasta en Grecia te encontrabas una panadería con almojábanas. Ahora nos toca a nosotros, los venezolanos. Ahora te puedes comer una arepa en Moscú, hablar caraqueño en Oslo, encontrarte a un gocho pasando calor de 50 grados en Emiratos Árabes y a un oriental pasando frío en Calgary, o bebiendo un vino en Buenos Aires o bailando flamenco en Sydney. ¿Es la globalización, no? Eso y también que el gobierno venezolano  se especializó en exportar nuestros sueños y nuestras vidas.

Lo ha dicho muy bien el escritor peruano-venezolano Luis Yslas en su cuenta de Twitter: «Los venezolanos estamos tan masivamente desperdigados por el mundo que cualquier alegría o calamidad es también un asunto nacional». Y es así. Quedo a la espera de las alegrías, que no hacen tanto ruido, pero que son muchas, serán muchas también.

 

 

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No es migrar. Es huir

Briamel González Zambrano
 

Las fotografías muestran a familias de venezolanos cruzando masivamente el puente internacional Simón Bolívar para llegar a Colombia, ese país donde hasta hace un par de décadas ni se les ocurriría ir a vivir. Hemos escuchado las historias de Florida en las que los venezolanos llegan con lo puesto, la visa de turista y unos pocos dólares para buscarse la vida. Se quedan en casas de amigos, de familiares. Se crean grupos de apoyo porque hay historias de superviviencia muy duras. Les ayudan con comida, pañales, ropa y medicamentos. En España también vemos a paisanos que se bajan del avión en Barajas y empiezan a recorrer de una vez las calles de Madrid para buscar trabajo de lo que sea. No hay días de descanso o de un poco de turismo. Urge tener un empleo, un ingreso, porque en los bolsillos solo traen un par de billetes.

Describo estos casos extremos con asidero y con fundamento. Con el paso del tiempo se van incrementando y arrugan mucho el corazón. Cada vez que conozco a alguien en esta situación, me quedo pensando en su historia, en la necesidad enorme que sintió de alejarse de un país en el que no veía oportunidades, ni futuro, ni los suministros mínimos para la subsistencia. Siempre me quedo absorta, aletargada, sacando conclusiones de lo mal que está Venezuela para que la gente se lance a estas aventuras sin dinero, sin referencias y  algunas veces-no siempre- con mucha irresponsabilidad (porque no se miden las consecuencias de lo que pueda ocurrir si enferman, si se acaba el presupuesto, si el amigo se agota de ayudarle, si no tiene la documentación en regla y que vivir en el primer mundo tiene una legalidad que hay que cumplir).

 

Conversando de esto con un pana, me dijo: “Es que esos no son casos de migración organizada, con visados, con proyecto de vida. El país se ha vuelto tan complicado que esto no es migrar. Es huir”.  Desde luego es salir corriendo porque no se aguanta más. Así de claro. Así de difícil.

Links de interés: Redes de ayuda en Miami  Programas raíces en Miami

 

Puente Internacional Simón Bolívar que une a Venezuela y Colombia

 

Miles de venezolanos cruzan el puente y buscan un nuevo rumbo en Colombia

 

 

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¡100% libre!

Briamel González Zambrano

Cierro los ojos y puede escuchar en mi cabeza el jingle cantado por una voz femenina aguda al principio y un acento grave de varón en la segunda frase: “Noventa y dos punto nueeeeveeee. Cien por ciento libre”. Así amanece un sábado de agosto. Con la noticia del cierre de la 92.9 FM y de Mágica 99.1, dos emisoras caraqueñas. Pienso que es un déjà vu. En agosto de 2009 el difunto hizo lo mismo con 34 estaciones radiales de todo el país. “No puede ser”, me digo. Sin embargo, es. Es por la brutalidad del poder. Es porque carecen hasta de sentido del humor que, desde luego, es una señal también de su falta de inteligencia. Es, y no dejan de estallarme los recuerdos de mi vida en la Caracas de finales de los noventa.

Pienso inmediatamente en Efraín y Eduardo. Amigos de la universidad que trabajaron en la 92, uno hablando de deportes y otro haciendo de todo en “El Monstruo de la Mañana”. Pienso en Erika de la Vega, en Ana María Simón, en Noliyú Rodríguez, en Henrique Lazo y en Luis Chataing.  En lo que me reía con “Tiempo de Cuaimas”. Pienso en Benito Zambrano que era un operador a quien Eduardo siempre mencionaba y que nos ayudó cuando fuimos varias veces a la cabina para hacer asignaciones universitarias. Luego salíamos corriendo de Las Mercedes para la UCAB en Montalbán y mientras circulábamos por la autopista que atraviesa el valle caraqueño sonaba la 92, sobre todo para  escucharla con oído crítico, porque Eduardo no dejaba de pensar en cosas novedosas, chistes, personajes y guiones para el programa. Se levantaba a las 4 am para ir a la radio y luego en clase estaba siempre dormido. La 92 fue su escuela y nosotros teníamos siempre información de primera mano de lo que pasaba en cabina.

 

Recuerdo la polémica suscitada cuando la 92 lanzó su campaña decembrina: “La emisora cien por ciento libre…de gaaaaaitas”. La asociación de gaiteros se pronunció enfadada y los locutores se lo tomaron a guasa, como correspondía, claro.  Pienso en Alfredo Escalante y la visita que le hicimos mi amiga Carolina Ramírez y yo a la cabina. Él hablando de rock y jugando con el bolígrafo y haciéndonos muecas, todo al mismo tiempo.

De Mágica 99.1 recuerdo que escuchaba el programa “¡Qué ciudad!” de Marycarmen Sobrino para enterarme de problemas de Caracas y escoger algunos temas para mis pautas de El Universal. Entrevisté a Sobrino para hablar del show y todo fue risas y complicidad periodística. Hace tiempo que ella está fuera del aire. Claro, no conviene mencionar que la capital tiene zonas sin agua, sin luz, sin servicios. Como no conviene la risa, el humor y la crítica de la 92.9.

 

El gobierno venezolano de nuevo calla otras voces, deja a centenares de personas sin trabajo, pero no detendrá el grito de las denuncias en su contra por los atropellos que comete. No solo contra los medios, sino también contra el derecho de sus ciudadanos de estar informados y de entretenerse. Hoy se apaga un pedazo de la Caracas en la que viví. Otro, de los muchos que han mutilado o eliminado. Todo con su sello. ¿Su revolución era esto? Socialismo, muerte, muerte, muerte, humo,hambre y silencio. Nos quedamos pensando siempre en qué será lo siguiente. Qué atrocidad vendrá. Son así, terribles, bárbaros.

La 92.9 fue la emisora que marcó mi época universitaria. Desde hoy no existe, gracias al gobierno venezolano
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Entre agobio y la ilusión de país

«Hay exilios que muerden y otros
son como el fuego que consume.
Hay dolores de patria muerta
que van subiendo desde abajo,
desde los pies y las raíces
y de pronto el hombre se ahoga,
ya no conoce las espigas,
ya se terminó la guitarra,
ya no hay aire para esa boca,
ya no puede vivir sin tierra
y entonces se cae de bruces,
no en la tierra, sino en la muerte».
Pablo Neruda. «Exilios» de Cantos Ceremoniales

 

Briamel González Zambrano

Amanecer con el teléfono ensangrentado cada mañana desde hace meses forma parte de la rutina de los venezolanos. No importa dónde vivan. Imágenes, vídeos, audios, inundan su móvil, sus redes sociales y sus pensamientos. Existen decenas de maneras de ayudar desde lejos, pero no hay ninguna fórmula disponible para arrancarse esta angustia, estos latidos, este sinsabor y sinsaber de cómo siguen los acontecimientos, las protestas, la escasez, la inflación. Este cóctel malévolo que nos quita el sueño y nos mantiene atentos.

Hay días que arrancan toda posibilidad de esperanza, encuentro, o luz. Días de tanta violencia que no lo puedes creer, que no lo quieres creer y que los escenarios conocidos, el acento de las personas y el agobio de tus familiares te confirman que eso está pasando allí, allí donde naciste, allí donde creciste, allí donde cubriste información. Hay días que son hartazgo porque no se ve solución posible. Entonces nos queda leer, escribir, escuchar cierta música, hablar con ciertos amigos y volver a leer. Resulta agotador tratar de explicar a los no venezolanos todas las aristas de este conflicto. Resulta aterrador, permítanme por favor este inciso audiovisual, ver la serie «Pablo Escobar: El patrón del mal» y pensar en el narcoestado instalado en mi país. Eso es un escalofrío en la espalda.

El optimismo, sin embargo, es terco, caprichoso y vuelve como una olita suave. Vi a los padres de una amiga del colegio y me dijeron que el país se podría recuperar en 5 años. Ves a la gente luchando, dejándose la piel, soportando las adversas condiciones económicas e insistiendo con fe. Entonces dan ganas de abrazarlos y llega un respiro. Y así vamos, entre el terror y la luz, entre el agobio y la ganas de cambio, entre la hartera y la ilusión. Que gane la esperanza y que lo haga pronto.

PS: Un par de cosas para cerrar:

«La Rorra en el teclado» cumplió 4 años el pasado 27 de junio. Gracias a todos ustedes, lectores, por seguir mis hileras de pensamientos, confesiones y digresiones. Gracias por sus comentarios, sugerencias y objeciones.

Ese mismo día, la asociación Venezuelan Press celebró en España el Día del Periodista. Obtuve el tercer lugar en el concurso de relatos «Miguel Otero Silva». En el texto hablé de los medios y de los periodistas, de su papel ahora y en el futuro. Agradecida con Venezuelan Press por el reconocimiento.

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Me encontrarás

Briamel González Zambrano

No me encontrarás en la persecución y en la violencia de masas enardecidas

Vi demasiadas veces a hordas amenazando, humillando y amedrentando

Vi demasiadas veces el odio en sus miradas, la revancha en sus acciones

Me horroricé con sus sinrazones y con sus motos rodeándonos y alegrándose de vernos con miedo

No quiero ser ellos, no me quiero parecer a eso que nos trajo hasta aquí

Sí estaré preguntando e investigando por el origen de fortunas y bienes de quienes gobiernan

Sí estaré pidiendo justicia y respeto a los derechos ante organismos que deben garantizarlos

So pena de que me llamen ridícula por acudir a instituciones que no dan respuesta nunca

Sí estaré en el reclamo, en la consternación y en la denuncia del hambre, la represión y las muertes

No me encontrarás esparciendo rumores, cadenas, vídeos e informaciones sin contrastar

Porque es muy fácil darle al botón de “enviar”, pero hay que confirmar y dudar siempre

Sí estaré exigiendo transparencia y acceso a los datos oficiales, que son un derecho de todos

No me encontrarás lavando reputaciones digitales a gente que te ofrece fortunas  por hacerlo

No me encontrarás censurando a mis paisanos sobre lo que deben o no publicar en sus redes sociales

Exigimos libertad y democracia y a veces queremos imponer un tema único, un pensamiento único, un dolor único.

Y sí, es verdad que muchos atravesamos un estado de pesadumbre inenarrable

Pero la gente no debería tener que disculparse o pedir permiso para seguir comentando su vida (que para eso se inventaron estas herramientas)

En muchos casos no es indolencia, es una demostración de que el tiempo sigue corriendo y de que también hay algo que triunfa sobre tanto abatimiento. Que hay otros paisajes para contar.

No me encontrarás diciendo a mis paisanos lo que tienen que hacer: marcha, no marches, corre, no corras, quema, agrede, rompe, escupe, súbete a la tanqueta, no te subas.
Sé lo que es estar allí y sé lo que provoca el gas lacrimógeno al sistema respiratorio de una asmática como yo. Sé cómo aprieta y pesa un chaleco antibalas, sé que es querer correr y que las fuerzas no te acompañen. Así que quizá tan solo les hago una sugerencia contundente: Cuídense, porque a los del otro lado no parece importarles lo que les pase.

No me encontrarás eliminando a mis contactos que piensan distinto.  Porque si seguimos conectados es decisión de ambos. Por el cariño que nos unió y seguro sigue aunque sea en la distancia. Porque ninguno es ministro ni capo de nada. Porque sí que les pregunto y los increpo. Quiero saber lo que piensan de tanta muerte. Me siguen sorprendiendo sus respuestas, sus argumentos y supongo que a ellos les pasa igual. Me sigue gustando el debate.

Me encontrarás en el puente y no en el muro.

Me encontrarás en el dolor y a veces en la furia, en la indignación que trato de convertir en otro tipo de energía, aunque no siempre lo consiga.

Me encontrarás con el corazón blandito que late con diferencia horaria por todo lo que está allí, por todo lo que me dio, por todo lo que dejé, por todo lo que amo.

 

Foto: Agencias
Foto de Guillermo Suárez

 

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5 cosas que aprendes al migrar, según La Rorra

Briamel González Zambrano

1.- A vivir con poco y aún así ahorrar. Cuando estás recomenzando, cuando te vas con papeles de estudiante, cuando no llegas como inversionista y no puedes tener un contrato de jornada completa, lo que toca es echar números cada mes. Te conoces de arriba a abajo los planes gratuitos de la ciudad. Revisas detalladamente gastos de vivienda, transporte y servicios. Aprendes a apagar las luces si no es necesario que estén encendidas y estás atento a cuál supermercado tiene mejores precios y calidad. Te enteras además de cómo ser un consumidor responsable y de cómo hacer reclamaciones en caso de que consideres que te han estafado. También estás pendiente de Hacienda, porque el Tío Sam (en todas sus versiones) también quiere saberlo todo de ti.

 

2.- A reinventarte a partir de lo que eres y lo que sabes en contraposición de lo que te ofrece tu nuevo destino. He visto médicos haciendo de hosteleros, dentistas con una tienda de ropa, periodistas siendo administrativos, informáticos, profesores de yoga. Te vas y tu mundo rota, gira, se mueve todo. Y tú te adaptas y aprendes a hacer limonada con todo lo que te cae del cielo. En la reconversión está la clave. En la capacidad de hacer lo que toca sin perder tus objetivos iniciales. En saber llevar el camino. Aunque parece un poco de autoayuda, es así queridos, y no hay nada de reprochable en ello. Por el contrario, es parte de la aventura. Como también lo es conocer y acercarte a la nueva cultura a la que has llegado. Resiliencia que llaman.

 

3.-A amar desde lejos y conservar  amistades y familia. A esto nos ayudan mucho las redes sociales, pero es un ejercicio personal también. Los migrantes tenemos siempre la mitad del corazón latiendo en muchas partes. Vives con eso. Tus afectos también aprenden a saber que estás, aunque no aparezcas en la foto del cumpleaños, del matrimonio, del bautizo, ahí estás en pensamiento. Aunque en momentos amargos y dulces te toque hacer llamadas o mandar mensajes de voz en lugar de dar abrazos apretados. Ahí estás.

 

 

4.- A darle otro valor y otra mirada a tu país. La distancia otorga otra perspectiva de casi todo. Lo que antes era sagrado, ahora cambia de tenor. Lo insalvable parece tener otro color. Hay preceptos que se trastocan. Cosas que detestabas del gentilicio (antes de marcharte) casi te parecen entrañables y viceversa. Nunca, nunca, nunca dejas de pensar en ese lugar. Para bien, para mal. Para odiar lo que allí sucede, para querer estar allí cuando algo grande pasa. Eres de allí y allí están tus referencias, tus puntos de partida, lo que aprendiste y gran parte de lo que eres.

5.- A querer y agradecer lo que tienes, lo que aprendes y lo que quieres conseguir en el sitio al que llegaste. Dar gracias, siempre.

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Hay que cumplir

 Briamel González Zambrano

Durante la rebeldía de la adolescencia le decía a mi madre en tono socarrón: «¡No te pierdes un funeral! Estás en lo tuyo. Lo que te encanta». Y ella, airada, me respondía: «No voy a un bingo bailable, ¿oíste? ¡No seas falta de respeto! Y métete algo en la cabeza: En esta vida hay que cumplir con los amigos, con la gente que a uno le da cariño. En las buenas y en las malas. Que no se te olvide» y se señalaba insistente la sien con el dedo índice.

 

Yo de verdad pensaba que disfrutaba de esas tardes de calor, misas y llantos. Lo creía por verla tantas veces sacar ropa oscura y acudir con mi papá a la funeraria y volver comentando que había saludado a los deudos y quiénes estaban. Sin embargo, los años me han hecho comprender que no había encanto y que mi madre no acudía ni acude de plañidera, sino, como ella dice, por la firmeza de su convicción de cumplir con los afectos.

Esta semana  le he tenido que pedir que fuera al sepelio del padre de una amiga de la infancia en mi natal Puerto Ordaz. Me parecía que era la única forma en la que yo podía estar presente a pesar de la distancia. Mi madre acudió rauda. Abrazó a mi amiga de mi parte. Saludó a viejos conocidos. Al volver a casa me dijo: «¿Viste que hay que cumplir, no? ¡Ahh bueno!» Y ahí está ella cumpliendo por mí en un país que el duelo te recuerda que tus amigos están lejos, pero te abrazan a través de sus padres.