La editora cuenta cómo ha sido su maternidad y el cambio de vida que supuso mudarse a Madrid con su marido y sus niños hace casi nueve años.
Briamel González Zambrano
En una sala de espera del Aeropuerto Internacional de Maiquetía (Venezuela), Marco González Ardizzone, un bebé a punto de cumplir un año, empezó a caminar por primera vez. Al rato, el niño embarcó en el vuelo que lo llevaría a Madrid junto con sus padres y su hermano Martín de cuatro años. Era agosto de 2011.
Ese momento fue especial y simbólico para su madre, Miriam Ardizzone, que tenía por delante el inicio de su propia andadura migrante en un país donde no tenía amigos, ni conocidos, ni contactos. Así que la aventura empezaba como para Marco, pasito a pasito. En una vídeollamada en plena cuarentena me contó la historia de esos pinitos en España, parte del relato de su recorrido vital.
Ardizzone ha dedicado su vida profesional al sector editorial, el mundo de las publicaciones en Caracas. Se licenció en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello y su trayectoria incluye el paso por fundaciones, orquestas, instituciones públicas y privadas dedicas al patrimonio, la investigación, la literatura y la cultura. Trabajando fue como conoció a su marido Manuel González “Mago” hace 17 años. Él era el diseñador de la revista que ella coordinaba. Surgió la chispa.
En el año 2004 se casaron y en 2007 nació Martín, su primogénito. Miriam relata que fue un embarazo complicado, una revolución hormonal que la llevó a mudarse a casa de sus padres para tener atención las 24 horas porque tenía ataques de ansiedad, taquicardias e insomnio. Cuando superó esos episodios volvió a trabajar con una barriga de seis meses de gestación. “Después de pasarlo tan mal, me vino la energía de pronto y trabajé hasta el último día antes de dar a luz”.
La llegada de Martín supuso para Miriam un cambio de piel. Se fue a otro trabajo y pasó de editar doce autores a editar trescientos. También tenía decidido ser una mamá profesional, que conciliara sus tareas de crianza con la de los libros. Iba cada mediodía a casa de su madre a darle el pecho a su niño, sin importar que esto le implicara luego mucho agobio al volver a la oficina.

En 2010 nació Marco, el pequeño caminante de Maiquetía. Ardizzone se había hecho trabajadora autónoma, editando revistas y publicaciones para clientes de la empresa privada. Ella se encargaba personalmente de sus hijos, con la ayuda invaluable de su madre, su padre y el apoyo de sus hermanas, con quienes se reunía cada viernes en la casa de sus progenitores para juntar a los hijos y compartir las noticias de la semana.
Toda esa rutina de soporte cotidiano se acabó cuando Mago volvió de un viaje de trabajo a España y le dijo: “Creo que tenemos oportunidades allá. Tengo ya varios clientes en Europa. Tú tienes papeles italianos. ¡Vámonos!”. Esa misma semana el gobierno venezolano había expropiado a un cliente importante de Ardizzone y ella calculaba cómo sus ingresos mermarían en las próximos meses. Así que la respuesta a su marido fue: “Vámonos, chamo”.
A su partida también contribuyó que les habían robado un automóvil a punta de pistola, que habían visto cómo secuestraban a un vecino y que la inseguridad en Caracas se les hacía insostenible.
Al llegar a Madrid vivieron en un apartahotel varias semanas hasta encontrar el piso donde residen hasta hoy. “Dormimos en colchones tirados en el suelo, sin muebles ni nada. Hasta que fuimos armando nuestro hogar”.
.-Háblame de tu adaptación a España como mamá migrante
.-Fue un proceso largo que me costó mucho aprendizaje en el que he estado muy sola. Tienes que conocer el sistema de salud, asumir una nueva identidad porque aquí yo soy eso que llaman “Comunitario”, es decir, una persona con pasaporte de la Unión Europea, pero no soy española. Además, debes aprender cómo es el sistema escolar, el tema de las plazas en los colegios, cómo se relacionan los padres del colegio entre sí, cómo son las actividades extraescolares, etcétera. A ese mundo me fui aproximando mientras buscaba en internet y resolvía para que mis hijos estuvieran dentro del sistema.
Todo esto añadiendo un duelo-país muy tremendo que yo tenía. Que me duró los primeros tres años. Porque venía mi mamá de visita y cuando se iba yo lloraba, extrañaba y así. De hecho, sigo extrañando lugares, olores, sabores de Venezuela. Además, hacer amigos aquí no es fácil cuando ya tienes hijos. No hay la misma cercanía y proximidad a la que yo venía acostumbrada. Adicionalmente, aunque suene frívolo, yo tenía dos chicas que me ayudaban en mi casa en Caracas (una planchaba y la otra cocinaba y limpiaba), yo me daba masajes dos veces a la semana, mis uñas y mi peinado siempre están impecables. Eso lo había perdido también.
De repente, te das cuenta de que no tienes con quién compartir las alegrías, los éxitos, los fracasos. Que no tienes a alguien de confianza con quien dejar a tus hijos para ir a resolver temas de trabajo.
Cuando miro para atrás me doy cuenta de que en esta vorágine yo he sido capaz de matar dragones, de que estar sin mi tribu, sin red de apoyo para criar a mis hijos me ha hecho una mamá más fuerte.

-¿Por qué? ¿Cómo notas esa fortaleza?
.-Porque mis hijos son mi proyecto más grande, más importante. Mi familia es el proyecto vital. Siempre quise ser mamá…(Solloza un poco). Emprendimos este viaje migrante por ellos, para que crecieran en un lugar tranquilo, con paz, con oportunidades (Le saltan las lágrimas, se seca y prosigue). Si a mí mañana me dicen que me tengo que ir a África por mis hijos, lo voy a hacer. Arranco con mis muchachos y mi marido para allá y así sea a cortar el césped me pongo. Ellos son mi motor, mi fuerza y sé que donde vaya por ellos y con ellos, vamos a salir adelante.
Yo soy la cohesión de mi hogar. Soy la comida, los deberes, el médico, cada detalle. He dado todo lo que tengo y lo que no tengo, y por eso te digo que me siento muy fortalecida después de haber tenido todo este recorrido no exento de dificultades.

.- ¿En todo este proceso qué te ha dado España?
.-Me ha dado la oportunidad de trabajarme a mí misma como persona. Venía de estar siempre muy acompañada para todo, con una estructura mental muy cerrada para algunas cosas y el estar sola te hace crecer y verte por dentro. España me ha dado también amplitud de miras en muchos temas. Me ha dado aprendizaje.
¿Sabes lo que es celebrar las fiestas navideñas nosotros cuatro solos? ¿Los cumpleaños solos? Eso me ha pasado en España y me ha permitido saber que puedo con muchas cosas que no me hubiera imaginado jamás.
.-¿Qué consejo le darías a familias que tienen planeado migrar o que lo acaban de hacer?
.-Que no se vayan a países donde no tengan conocidos. Es importante contar con referencias. Que tengan un plan, así no se vaya a cumplir, pero tener foco y objetivos siempre ayuda. Por último, que se centren en hacer aquello que se las da bien y les gusta. Si no se puede al principio, no pasa nada, pero que esa sea su meta porque veo a mucha gente muy frustrada por pasar muchos años muy lejos de los suyos y en trabajos que no les gustan para nada.




















